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lunes, 3 de agosto de 2020

Lammas


Entramos en el portal de la Gran Madre, la que es nutricia y proveedora, señora de la prosperidad y la abundancia. Lammas. La mayoría asociamos este tiempo a la cosecha, al momento en que aquello que sembramos a principios de año da fruto. Celebramos lo recogido y nos regocijamos.
Pero, como bien dice mi hermana Nenúfar, hay veces en que simplemente no hay cosecha, por mucho que nos hayamos esforzado, por mucho que nos hayamos volcado en conseguir aquello que tanta ilusión nos hacía. Las manos están vacías y en el corazón se arremolinan y se entremezclan la tristeza, la ira, la frustración...

Este año 2020 parece un año de no cosecha. Mejor dicho, es el año de la gran purga. Afecta a nivel colectivo, como podemos ver en las noticias, pero individualmente cada uno lo experimenta de una manera. Quizás olvidamos que, a veces, perder es ganar y no conseguir lo que queremos puede ser un beneficio. Pero estamos tan apegados al resultado que somos incapaces de ver que siempre estamos cuidados. Como diría Rilke: "La vida tiene razón, en todos los casos". Aceptar esto es bastante duro.

Nos centramos en la cosecha, pero se nos olvida que Lammas es, sobre todo, un tiempo de gratitud. Y qué mejor que agradecer aquello que tenemos y aquello que es. Pero nos resistimos, y sufrimos. Sufrimos cuando no aceptamos las cosas tal y como son.  Sufrimos cuando nos empeñamos en rechazar lo que está pasando y en descartar el poder entenderlo.  Llegan los cambios, los imprevistos, los desafíos, los obstáculos, y siempre nos resistimos, e intentamos luchar contra las circunstancias empecinadamente, creyendo que así vamos a ser felices. Pero la felicidad está en el presente, y nosotros nos empeñamos en vivir en el pasado o en el futuro, o en la idealización de una vida alternativa que está fuera de nuestro alcance. Porque no queremos sentir, no queremos experimentar la realidad tal como es. Queremos pasar por una situación sin que nos afecte, porque somos incapaces de sostener la emoción que nos produce. Queremos vivir anestesiados en la evasión de la mente.

Mi trabajo para Lammas es éste: vivir la realidad como es y apreciarla tal como es. Por supuesto, me gustaría que las cosas fueran de otra manera y se diesen de otra manera, pero estoy cansada de luchar por fantasías e imposibles. Aceptar parece más sencillo que luchar y mucho más sano. Me rindo a la vida y a lo que ella quiera traerme. La Gran Madre me sostiene y me provee, ¿por qué debería creer que yo sé más que Ella? ¿por qué creer que no estoy en el mejor momento y en la mejor situación posible? ¿por qué no dejar que la vida me atraviese y me transforme? ¿por qué creer que no tengo ya todo lo que necesito en vez de anhelar? ¿por qué no centrarme en mí y en lo que tengo en mis manos, en vez de intentar sostener el aire?

viernes, 31 de julio de 2020

Agorafobia

Ayer sentí un miedo nuevo que no había experimentado antes: miedo a estar en un espacio abierto y no saber dónde ir. Sólo de ver la inmensidad sentía que me quedaba sin aire y buscaba un lugar pequeño donde poder refugiarme. Lo peor de todo es que esto sucedía en la habitación del hotel y la situación era producto de mi mente anticipatoria. Muchas veces mi ansiedad no tiene una razón concreta: me siento amenazada pero no soy capaz de darle una entidad al peligro, lo cual hace más difícil combatirlo, porque es como un enemigo que acecha continuamente, esperando el momento. Agorafobia, sin embargo, nunca había sentido, y no me ha gustado.

Quizás está relacionado con el miedo a la vuelta a la realidad. Se acaban mis días de vacaciones y he de regresar a todo lo que he dejado aparcado. Aquí he creado una burbuja de distancia y la he llenado de montes, bosques y ríos, y esto me ha permitido olvidarme de todo. Pero la hostia de realidad va a ser tremenda.

Pienso que viajar es una especie de evasión. En mi caso, viajar es una necesidad, me da una vía de escape para sobrevivir y me da paz. Quizás soy un poco compulsiva a la hora de hacer mis vacaciones: no concibo estar parada sin hacer nada. Necesito moverme, necesito conocer, necesito experimentar... Lo llevo haciendo tantos años, que ni me planteo la otra opción. Quizás debería.

Ayer, para pasar el calor, decidí echarme la siesta bajo un haya y dejar pasar el tiempo a la sombra. Estuvo bien. Necesitaba parar y no hacer nada. Necesitaba recrearme en el presente de una manera más estática. Porque siempre habrá un horizonte nuevo al que llegar, pero no el momento presente. Y que conste que lo de viajar tiene mucho de mindfulness, ya que te hace estar en el aquí y en el ahora. Especialmente si te pierdes en una carretera sin cobertura. Allí estamos, mi coche y yo, sin responsabilidades, sin obligaciones, sin presiones, sin tener que medir las palabras, sin tener que/querer complacer a nadie, sin tener que interaccionar (lo justo)... Y eso que en este viaje pensé que había sido mala idea venir sola, que estoy un poco cansada de estar sola y no poder compartir con nadie... Y ya ves, si es que tengo el social en ciego.

No sé si todos los destinos son válidos al viajar. Todos traen experiencias, seguro, pero no en todos se puede ser uno mismo. No me gustan los lugares masificados y prefiero evitar las zonas urbanas. El cambio de energía de una zona urbana a una natural es bestial. No es que reniegue de la ciudad, pero ya tengo bastante durante el año, y además representa una versión distinta a lo que soy. En la naturaleza me asilvestro un poco: aquí me convierto en la doncella salvaje que camina descalza por la tierra, la que escala las rocas, la que  explora las cuevas, la que se mancha de barro, la que se zambulle en las pozas, la que se entretiene con las plantas y los animales, la que se pierde admirando los jirones de las nubes... En la ciudad una parte de mí intenta ser así, pero no es fácil. En la ciudad hay otros elementos y otras situaciones.

Yo necesito regresar a la naturaleza para recordar el animal que soy, que es lo que me da poder. La mente está bien, pero es la tierra la que sostiene, la que materializa, la que permite que las cosas sean tangibles y reales. La tierra es la que me ayuda a contener la mente, a darle un ancla, porque si no, mis pensamientos se disparan hacia asuntos irreales y falsos. Cuánto miente la mente, y cuánto nos identificamos con nuestras ideas.

Por eso amo la naturaleza. Por eso mismo, no entiendo esa agorafobia.

"Sólo mira la vida con ojos más juguetones. No seas serio. La seriedad se vuelve como una ceguera. No pretendas ser un pensador, un filósofo. Simplemente sé un ser humano. El mundo completo te está duchando con su alegría de tantas maneras, pero tú eres demasiado serio, no puedes abrir tu corazón". Osho. 


martes, 9 de junio de 2020

Ganas

Después de dos meses de parón, la espiral parece que empieza a moverse nuevamente. Digo parece porque su movimiento viene lastrado por la actitud de varias personas. Sinceramente es muy sencillo: si no quieres estar, no vengas, pero deja que los que queremos hagamos las cosas sin sentirnos invadidos por tu energía de mierda. Como dice el dicho: "Aporta o aparta".

Me molesta mucho la gente quejicosa. Los que se quejan sin motivo, los que se quejan por deporte. La cantidad de energía que se desperdicia en la queja y que no va a ningún lugar. Si esa energía se invirtiera en soluciones, otro gallo cantaría. Mucha gente ni siquiera quiere cambiar las cosas, solamente se quejan para hacerse las víctimas, porque de esta manera reciben una atención que de otra manera no tendrían. Se han convertido en unos parásitos de atención y energía ajena, saltando de flor en flor para poder llenarse. Te vierten su mierda y se llevan tu energía. No es mal cambio. Todo por no querer afrontar las cosas, por no intentar poner remedio. Y sí, todos nos quejamos en un momento u otro, pero hay personas que tienen un hábito hecho de esto de la queja. Los "penas".

Yo solía aguantar mucho a estas personas. Creía que era una forma de ayudarlos y de aliviar su carga, pero no era cierto. No solamente no aportas nada, sino que encima pierdes. Por eso, los oídos hay que prestarlos con cuentagotas y hay que poner límites a ciertos discursos victimistas. Es por uno mismo, porque somos responsables de nuestra energía y nuestra salud mental, que hay que decir: "hasta aquí". Alimentar al troll tiene sus consecuencias. Los trolls no respetan al otro y se crecen con la energía que van parasitando.

Es más, existen los psicólogos. Esas personas profesionales, dotadas recursos y herramientas, cuyo trabajo consiste en escuchar, acompañar y guiar a las personas que no tienen claras las cosas en la vida. Estos cobran por ello y te dicen lo que necesitas escuchar en cada momento, te guste o no, dosificado según tu estado. Los parásitos no suelen ir psicólogos, tengo la impresión, porque es más fácil agotar anímicamente a los de alrededor.

Así que me temo que el domingo va a ser un día complicado. Vamos a limpiar y vamos a recibir clase. No veo a la gente demasiado animada y eso me enfada. Es verdad que no puedo exigir a la gente el mismo grado de implicación que pueda sentir yo, pero a las cosas hay que ponerles un poco de amor y de cariño. Quizás ése es mi problema: yo le pongo demasiado y todo termina siendo algo personal; que a veces más es menos, como cuando riegas excesivamente las plantas. Pero es que me cuesta quedarme a medias. Tampoco es mi responsabilidad compensar con mi energía el defecto de otros, además de que no tengo tanto para dar. Yo haré mi parte, como el colibrí del cuento. Como siempre. El resto, no me corresponde.

jueves, 28 de mayo de 2020

La mirada

"¿Qué eres?", me preguntó él.
"¿Qué quieres que sea?", le respondí yo.
"¿Qué quieres ser?", me insistió.

En realidad, ¿qué importa lo que yo quiera ser si a los demás no les vale?

En mi vida desempeño diferentes roles y en cada uno no solamente tengo una máscara distinta, sino que la gente me percibe conforme a lo que ellos quieren o necesitan de mí: hija, hermana, jefa, amante, amiga, alumna, sacerdotisa... Cada persona me moldea en su imagen conforme a la idea, expectativas y necesidades que tienen de mí. Es la mirada del otro.
¿Aceptarían algo diferente que no fuera su mirada? ¿Algo más holístico e integral?
¿Hasta qué punto quieren o pueden aceptarme completamente?
¿Hasta qué punto quiero o puedo mostrarme o compartirme completamente?

Y no se trata de dar la imagen que el otro espera (quizás también), sino de una adaptación al medio. Es comportarse conforme al rol, que no deja de ser un conjunto de etiquetas y una visión parcial de la persona.

Pero yo soy más que un único rol: soy todos a la vez, y mucho más.
Paz decía que uno de mis trabajos personales consistía en mantener la coherencia identitaria en ellos, como si al jugar en cada uno me hubiese fragmentado. Aspiraba a que yo no compartimentalizara, pero me parece algo suicida. Además, la esencia no está al alcance de cualquiera, la esencia hay que ganársela.

Al final solamente la Diosa me tiene por completo.



martes, 26 de mayo de 2020

Yo menstrúo


Una de las formas de empoderamiento más directas y tangibles es recuperar la soberanía sobre nuestro cuerpo y honrar nuestros procesos. Cómo mujer cis uno de los más significativos es la menstruación.

Siempre un tabú, siempre un estigma, siempre un recordatorio de mi condición de vulnerabilidad y debilidad, a lo que yo misma contribuía ocultándolo durante muchos años para cumplir con el sistema productivo, para intentar ser un ser asexual, para ser como un hombre.

Pero ya no.

Ahora reclamo mis ciclos y mis fases, reclamo el rojo de mi sangre de muerte y también de vida, reclamo la limpieza energética de mi caldero, reclamo mis calambres abdominales, el herpes que viene con la bajada de defensas, los cambios hormonales que me conducen a refugiarme en el interior de mi cueva a reposar en mi invierno mensual.

Lo reclamo todo porque todo es mío y es parte de mí, y me siento plena con ello.

martes, 19 de mayo de 2020

Semana 10

Día 70. Cómo me gustan los números redondos, que para mí son los que acaban en cero o en cinco. Seguro que es parte de mi TOC, como el de atribuir género a los números (el 1, 3,5,7,8 son masculinos para mí, 2,4,6 y 9 femeninos), pero son esas pequeñas nimiedades que hacen que el mundo cuadre, aunque no tengan ninguna lógica.

Acabo de escribir un texto para una propuesta y me siento muy orgullosa de mí misma de haber sido capaz de nombrar cuatro tecnologías diferentes sin ser experta en ninguna. Estoy por darme una palmadita y decirme: "pero qué buena soy". De paso me he puesto al día con los temas de identidad, que no toco desde hace varios años, con el concepto de self-Sovereignty identity. Y me parece tan de Epona...Para que luego digan que los dioses no tienen que ver con la tecnología. Siempre que pienso en tecnología me acuerdo de Brigid.

Esta semana está siendo muy de Epona. Creo que el Venus retrógrado tiene mucho que ver con esto, aunque a diferencia de otras posiciónes, la de Géminis no está siendo tan dura. ¿Quizás porque tener la luna en este signo? Estoy viendo muchos patrones, patrones no demasiado bonitos, y es más la sorpresa que el enojo o la tristeza lo que siento al verlos. Tengo que intentar que la culpa no se entrometa, porque también he descubierto que es una de las emociones más habituales, y es por ella que muchas veces he hecho cosas que no debería. Trabajar estos patrones no es fácil, pero es pero haber cedido el poder a otros para que te manipulen y te humillen. Así que en parte estoy contenta por mi progreso, aunque solamente esté al principio del proceso.

Siempre parece que se esté al principio del progreso. A veces esto puede ser un poco frustrante. A veces lo veo como una carrera de fondo que no tiene meta al final. Pero bueno, tras una vida llega otra, y así estamos en continua evolución.

Creo que parte del cambio de esta semana está en haber decidido no rendirme a mis patrones. Eso o que me estoy amoldando a esta situación frenética. Nunca he tenido problemas con los cambios mentales de paradigmas, requisito imprescindible para mi trabajo, pero había olvidado mi capacidad para hacerlo. Esta semana siento que la carga no ha descendido, pero la manejo mejor. La malabarista ha vuelto. ¿Cuántas pelotas soy capaz de sostener en el aire?

Y por si fuera poco, he decidido que esta semana era un buen momento para el optimismo, y he reservado una habitación en una casa rural para el verano. Creo que me pueden mis ansias de viajar. Tengo numerología 9: viajar está en mi ADN. Quizás esas ganas han nublado mi juicio, pero ahí está esperando mi reserva. Y mientras la normalidad va cambiando y adaptándose. Esta mañana he visto un bar abierto y me he comprado café para llevar, porque me ha entrado antojo del bar de cafetería. Hoy no pegaré ojo, porque hace meses que no pruebo el café, y la teína ni se le aproxima. También he visto que la heladería de la avenida ha abierto sus puertas, así que en breves caerá un helado de turrón de Jijona. Las bibliotecas abrirán pronto y poco a poco se irá moviendo todo. Por un momento me recuerda al cuento de "La Bella Durmiente" saliendo de su letargo. Poco a poco, pero sin pausa. Porque la vida llama a la apertura y la expansión. Se siente la energía en el aire, se siente en el cuerpo.

Hoy hablaba con una amiga de la situación en Perú, donde las medidas de cuarentena son draconianas. Llevan casi 3K muertos y casi 99.5K de infectados en una población de 33M de personas y una densidad de habitantes de 25 por km2. Allí tienen dos problemas: el coronavirus y el hambre. No hay subsidios ni ayudas a la población, así que ante la perspectiva, se arriesgan a contagiarse. No se habla mucho de Perú en las noticias, donde parece que solo existieran España, Italia, USA, UK y China. A mí me gusta cerrar el día consultando las cifras y las gráficas de evolución actualizadas, especialmente la herramienta que ofrece el Financial Times, que además permite comparar países dos a dos, así como el análisis de John Burn-Murdoch. Hay otras fuentes, pero a mí me gustan éstas. El aspecto gráfico también es importante para captar mi atención (porque mi VAK es visual). Hace poco vi las gráficas de Bangladesh. ¿Quién habla de Bangladesh? Nadie, Bangladesh no existe, y por tanto, sus cifras tampoco cuentan. Me parece triste.

A veces es mejor no pensar mucho ni a muy largo plazo porque la incertidumbre en el largo plazo es más difícil de gestionar, sobre todo emocionalmente. Me he propuesto mirar un poquito solamente para no perder perspectiva y porque lo que promete el futuro para mí no es lo más halagüeño. No sé si tengo que prepararme para ello o es mejor dejar correr mi ceguera. Dije que lo atendería, pero no encuentro el momento. La procastinación me puede. La procastinación es el opio del miedo.

Y mientras voy haciéndome experta en flores y palomas. No sé quién decidió que eran un buen símbolo para la paz. Las mías son voraces y pendencieras, sobre todo una, Roger, una paloma asidua y bastante territorial que no comparte con nadie la comida. Eso sí, es preciosa. Estoy aprendiendo cosas. Por ejemplo, no les hace mucha gracia las semillas de lino y parecen tener también toque de queda, que es antes de que empiece la cacerolada de las 21h. ¿Por qué esa hora? Quizás sea la hora de ir a dormir en la naturaleza. No creo que lo adivine nunca.

lunes, 18 de mayo de 2020

Sobre relaciones (L.Cuendias)



Uno de los mecanismos de compensación de la niña herida en ellas que más se repite es un patrón de hacer, demostrar, actuar, tratar de conseguir ese amor….presentarme al Casting del Amor para que me cojan, para que me elijan…

Muchas creen que todas las personas con las que tenemos una mínima conexión podrían ser el indicado, pero no se trata de otorgarle a alguien ese título basándonos sólo en que tenemos química, sino de permitir que alguien ME DEMUESTRE A MI que es "el indicado".

Yo soy el regalo.

Algunas ideas:

  • Consistencia, confiabilidad y hacer lo que dicen que harán.
  • Te hacen sentir amada, priorizada y segura.
  • Expresan sus necesidades y límites.
  • Te pueden mostrar tu mierda, pero lo hacen con cariño y desde el amor.
  • No te culpan ni te avergüenzan.
  • Te cuidan en el día a día.
  • Están pendientes de ti. Se interesan por ti y por cómo te va.
  • Si cancelan planes o no cumplen su palabra, lo reconocen y expresan su intención de reparar.
  • Sostienen el espacio para ti y tus necesidades y no te hacen sentir como que eres “demasiado” para ellos.
  • Hay vulnerabilidad y hay presencia.
  • La relación te enseña a enamorarte de la calma y reparar tu necesidad de buscar amor.

martes, 17 de marzo de 2020

Semana 1

Llevo una semana de confinamiento por coronavirus. Como no he bajado al médico, ni me ha atendido nadie, no puedo confirmar o desmentir que haya pasado el coronavirus, pero sí he tenido unos días donde he estado muy mal. Empecé con fiebre, luego con la garganta, algo de tos y después la congestión nasal. Ha sido una sucesión de síntomas que me han tenido en cama durante varios días y aislada del mundo por necesidad.

Hasta la fecha no lo he llevado mal, habida cuenta de que he dormido más de lo que he estado despierta, lo cual ayuda a pasar los días. Ahora que me encuentro casi recuperada veremos cómo se capea el estar encerrado. Creo que soy bastante afortunada respecto de esta cuarentena. Tengo silencio y tranquilidad, tengo comida, agua corriente, calefacción, luz, ropa limpia, tengo libros y tengo Internet. También tengo unas vistas decentes que me permiten observar el mundo desde mi ventana. Está totalmente primaveral y Madrid es precioso en primavera.

Tengo la suerte de poder teletrabajar y de vez en cuando tener telcos con algún compañero. Eso me permite tener suficiente contacto social como para no volverme loca. También estoy teniendo videollamadas con mi hermana y su familia a los que he visto más en tres días de lo que llevo en todo el año. Aun así echo de menos a ciertas personas a las que voy a tardar mucho en ver, si es que volvemos a vernos. No lo digo a modo ominoso, pero es cierto que la distancia produce desapego, así que el reencuentro, de producirse, podría ser muy extraño, frío, incluso. Te fuiste siendo un amigo y regresas siendo un desconocido.

Hoy he decidido hacer algo de deporte por moverme un poco, y he hecho una rutina sencilla que he encontrado en Youtube de unos quince minutos. Casi me muero. He perdido toda la forma y es muy posible que mañana tenga agujetas. Mantener la disciplina va a ser difícil, porque no se me apetece nada hacer esto. Pero me temo que tendré que esforzarme porque la reclusión va para largo, aunque espero que de aquí a unos días pueda bajar a hacer compra al menos. Con la limpieza de la casa me cuesta menos. No es que me esté matando a limpiar, pero me recuerda a mi viaje a Japón y la necesidad de mantener las cosas en orden para que un espacio pequeño no se venga encima.

Mis gatas me hacen compañía. Tengo la sospecha de que Ozzy está algo enferma. La noto mustia para lo que es ella y hoy creo que no la he visto comer. Voy a observarla a ver si se confirma. ¿Están abiertos los servicios veterinarios? Ni lo sé. Ozzy no es una gata tan mayor, sobre todo si la comparo con Cafeína, pero puede que esté siguiendo un patrón parecido al de Teína. Este año hará tres que Teína se marchó y sigo echándola de menos. También echo de menos a mi tía Ana y a Héctor. Dentro de no mucho tendré más gente al otro lado del velo que aquí, como para querer quedarme. He pensado que quizás morir por Coronavirus no es tan malo después de todo.

Cuando termine la cuarentena, voy a necesitar horizontes. No sé cómo hay gente a la que no le gusta viajar. Cuando termine la cuarentena, mi mundo estará patas arriba y no voy a saber ni por dónde empezar a recomponerlo.

sábado, 14 de marzo de 2020

Aislamiento

Hoy era el cumpleaños de mi padre y, por ser una persona de riesgo, no hemos celebrado el día con él. Ha sido un poco triste, pero es mejor prevenir que lamentar. Yo especialmente, que soy la que tiene síntomas gripales. Estoy encerrada en casa desde el martes capeando la situación como puedo, porque no termino de mejorar. No sé si tengo coronavirus, pero he pasado por múltiples síntomas: primero fiebre, luego la garganta, y ahora el resfriado. Estoy un poco floja y por eso estoy durmiendo bastante, lo cual me ayuda a pasar estos días bastante bien, porque estoy perdida en mi mundo onírico al margen de la realidad.

Una realidad que tiene mucho de surrealista, porque estamos viendo cosas que van contra toda la lógica. Para empezar es la primera vez que vivimos una situación así. Las pandemias anteriores ni nos han tocado, por lo que no tenemos ni experiencia ni conciencia. No es una excusa, pero explica que la gente haya tenido muchos comportamientos insolidarios y egoístas, no por maldad, sino por falta de conocimiento. Es fácil decir: "es de cajón", pero no lo es. A veces nos lo tienen que decir, nos lo tienen que explicar. Y luego es cierto que habrá gente que se pase todo por el forro una vez que lo haya comprendido, porque el ser humano es así.

También hay que tener en cuenta de que hemos entrado en una fase donde el neocortex no va a funcionar bien. La información que recibimos solamente alimenta el miedo, y en el miedo es el cerebro reptiliano quien está al mando. Ahí no podemos pedir mucha comprensión ni raciocinio, porque estamos en modo reactivo total. Tampoco es una excusa, pero funciona así. Y no olvidemos: si la especie ha sobrevivido, no es por actos de bondad, sino por actos de supervivencia. Descendemos de lo peor. Creo que es importante reconocerlo, porque gracias a esos actos, estamos aquí. No quiero decir que los repliquemos, pero sí que tengamos en cuenta que somos animales y que biológicamente estamos diseñados para sobrevivir. A nuestro cuerpo le importa poco si somos felices o buenos, solamente cumple su misión de mantenernos con vida, y eso pasa por robar, matar o estafar si es necesario.

Sin embargo, dentro de todas las malas tendencias, también hay espacio para aquello que nos define como humanos: gestos de una generosidad y una solidaridad enormes. El caso más evidente es el del cuerpo médico, doblando turnos, totalmente expuestos al virus, pero entregados a aliviar a los afectados e intentando combatir la enfermedad. Pero hay muchos más que hacen que la sociedad pueda mantenerse a pesar de la situación: celadores, cajeros de supermercados, dependientes, reponedores, servicios logísticos, policías, etc. Y además hay ciudadanos que están intentando hacer de la situación algo más amable. Gente que se ofrece a cuidar a los hijos de otros, a hacer la compra a sus vecinos mayores, que donan sangre, que están ofreciendo actividades online para ayudar a los que estamos aislados (bueno a partir del lunes todos)...Mi hermana, por ejemplo, se ha ofrecido a cuidar de un niño cuyos padres son enfermeros para que se vayan a trabajar tranquilos. Me parece un gesto muy generoso y me hace sentir muy orgullosa. No sé si yo habría sido tanto.

Por mi parte, este aislamiento me ha hecho pensar mucho en una vuelta a lo básico. Pienso en las brujas solitarias del pasado, aisladas en sus cabañas en el bosque al margen de la sociedad. Cuando no puedes salir afuera el único camino es hacia dentro. Esto es una especie de oportunidad para estar conmigo misma en estado puro. Es cierto que tengo las redes sociales para contactar con quien necesite en un momento dado, pero la mayor parte del tiempo voy a pasarla conmigo misma. Cuando esté mejor voy a tener que invertir mi tiempo en cosas que tengan que ver conmigo: la casa, mi mente, mi estado emocional, mi identidad...es un momento para mí. Porque está claro que cuando todo esto pase, las cosas no serán como antes. Creo que es un episodio que nos va a cambiar mucho como sociedad y también individualmente.

Pero he pensado otra cosa también. Esto es casi un reset. Hoy leía "mi casa es un útero" y me ha impactado porque así lo creo en estos días. Queda una semana para mi cumpleaños y estoy en una especie de transformación en estas cuatro paredes. Voy a renacer y la forma en que renazca va a depender mucho de estos días, de cómo los enfoque, de cómo los trabaje conmigo misma. Es tiempo de renovación, es tiempo de Ostara. Cuando renazca, no voy a ser la misma, aunque no sé cómo me voy a expresar. No me da miedo, más bien siento curiosidad. No voy a apresurar nada, solo dejar que la vida llame al despertar.

martes, 10 de marzo de 2020

Teletrabajo

Ante la aparente escalada del coronavirus, la directora de mi departamento nos dio la posibilidad de hacer teletrabajo total. Es una medida unilateral que tomamos nosotros, pues no hay directiva oficial de la empresa y RRHH no se moja. Ayer los jefes de mercado comunicamos la opción y parece que la gente ha decidido masivamente secundar la idea. Nosotros estamos preparados para el teletrabajo desde hace mucho tiempo, así que ampliarlo no es un problema operativo. El problema es otro.

Yo soy una de las afortunadas que disfruta de un amplio teletrabajo habitualmente. Ampliarlo no va a suponer una gran diferencia, salvo en la parte humana. Todos necesitamos esa parte social que nos da la oficina, especialmente cuando vives sola y apenas tienes contacto con otras personas. Se pueden sostener ciertas relaciones a distancias, pero son relaciones ficticias. Toda relación humana de verdad necesita de presencia, necesita de piel, de olor, de feromonas. Hay tanta información que no se puede transmitir a través de la wifi. Si solamente fuéramos mentales, quizás la cosa podría funcionar muy bien, y de hecho, no funciona mal del todo relacionarse a través de la pantalla, pero a la larga es insostenible.

Se nos olvida que somos animales y que nuestra biología es sensorial, es de carne y hueso, de materia. Cuanto más nos desconectamos, cuanto más nos distanciamos, peor calidad de relaciones, porque necesitamos del otro para enriquecer nuestro punto de vista y nuestra visión, y ese intercambio se produce a niveles sutiles y también energéticos. Como las capas OSI. La capa de aplicación es mucho más que un intercambio de datos, es también la experiencia de usuario. Además, se produce a nivel químico: sin contacto, no hay oxitocina y sin oxitocina, no hay relaciones interpersonales, no hay intimidad ni conexión real. Por eso la presencia es tan importante, por eso vernos, tocarnos, abrazarnos es tan importante. Ni siquiera creo que la realidad virtual sea un sustitutivo eficaz. Pero el tiempo y la tecnología nos lo dirán.

lunes, 24 de febrero de 2020

Ideas santas

Da igual la temática que tratemos, cada clase de eneagrama es un espejo que me hace mirar donde no quería o no esperaba. A veces hay dolor, pero hay mucho reconocimiento, que es fundamental para poder aceptarme como soy. Poco a poco voy tomando consciencia de mi personalidad y la voy integrando, a pesar de los rasgos menos positivos que contiene. Descubrirme para trascenderme, no para identificarme con esa personalidad. Pero se me suele olvidar que yo soy mucho más que esa expresión porque estoy  apegada a la misma.

Ahora empiezo a tomar consciencia de todo lo que estaba en piloto automático y me da rabia no haberlo visto antes. Me siento mal por haber perdido el tiempo con comportamientos que no me han hecho ningún bien. Dicen que nunca es tarde, pero yo siento que sí, que he desperdiciado gran parte de mi vida por haber sido de una manera concreta. Ahora tengo que ser compasiva conmigo misma, comprender y tolerar que no estaba preparada para ver hasta ahora, y en cambio, felicitarme por lo mucho que he avanzado. No solamente es el eneagrama, son también las charlas con Anet, donde voy reconociendo los patrones que son mis cadenas.

Veo la pelota gigante que tengo delante de mí por desenredar y me agobio. Pero puede que no haya otra forma de hacerlo mas que empezar a tirar del hilo para ver hasta dónde llego, porque esto va a requerir de mucho tiempo.

La clase de eneagrama era sobre la espiritualidad, o mejor dicho, sobre el aspecto concreto del Ser del cual se ha desconectadao cada eneatipo. En el 6 tiene que ver con su falta de fe en el Universo para ser sostenido. Y, claro que sí, tiene que ver mucho con la madre. Si yo confiara quizás podría sentir el abrazo amoroso que cuida de mí y relajarme en él, saber que siempre voy a estar cubierta. Pero no puedo. Mi falta de fe me hace ser como un animalillo en modo reactivo anticipando el peligro. ese peligro me vuelve agresiva e impredecible.

Y, la verdad, es que me muero de ganas de rendirme y dejar de luchar, porque es agotador estar pendiente de todo, anticipar, intentar cubrir los flancos y las carencias...

El otro tema tiene que ver con mi orgullo al resistirme a la voluntad del Universo, intentando imponer mis plaes y mis resultados deseados. Esto es más de 2, pero también lo reconozco. Me cuesta aceptar que mis deseos no sean los mismos que los del Universo y que mi aparente libertad creativa en el mundo sea una falacia. O por lo menos lo es a nivel de ego, porque mi ser superior estaría creando a su bola. Es una desconexión total entre uno y otro, y la verdad que llevo toda las de perder. es tan frustrate...

Pero igual, solamente tengo dos opciones: resistirme y sufrir o aceptar lo que sea que me tiene preparado mi ser, me guste o no, lo espere o no, ya que eso es lo correcto y perfecto para mí. En cierta forma es como estar a expensas de un padre que decide por ti. No debería quejarme, porque ahí está el padre que tanto buscaba. Y si lo pienso bien, la rendición es un alivio, desde que no tengo que ocuparme de nada.

Hago el propósito de rendirme, pero siento a mi ego retorciéndose de rabia, frustración e impotencia, y siento su dolor y su sufrimiento. Mi trabajo ahora es abrazarlo y darle todo el amor que necesita, porque vamos a tener que hacer juntos un duelo importante por todo lo que quisimos y no fue. Es el adiós a una idea querida.

viernes, 3 de enero de 2020

Esfuerzo desmedido

Le contaba ayer a Anet que para este año había decidido tomarme el trabajo con más calma. De momento he delegado una gran parte a Susana, lo que me permitirá ser más transversal y dejar que ella cargue con el grueso del grupo. Por otro lado, voy a trabajar menos horas para poder llenar mi día con otras actividades que me aportan personalmente. Voy a cumplir mi parte, por supuesto, pero no voy a cargar con la responsabilidad ajena,por mucho que eso perjudique al grupo. Ni voy a asumir el extra, ni me voy a sentir responsable, ni me voy a sentir culpable, ni me voy a sentir mal si las cosas no salen, especialmente si no dependen de mí y yo he hecho lo que estaba en mi mano.
Voy a empezar a asumir que hay muchas cosas que están fuera de mi control, muchas de las cuales saldrán mal, y que eso no significa que sea peor persona, incompetente e irresponsable. Voy a tener la humildad de aceptar que no puedo garantizar resultados y mucho menos a mi costa.
Porque esto es lo que yo solía hacer.

Hasta ahora.

Ayer me di cuenta de todo el daño tan brutal que me había causado con esta forma de abordar el mundo. Siempre me he sentido tan insuficiente, tan incapaz, que he intentado compensar mis carencias con una sobredosis de esfuerzo. Si algo requería 50, yo hacía 120 para poder garantizar el resultado, porque no confiaba en mí y en mis posibilidades, porque no me creía capaz de lograrlo. He sido así con todo en mi vida: los estudios, el trabajo, el bebé, el amor...Me he machacado viva para poder alcanzarlo y me he comportado de una manera despótica, despiadada y cruel conmigo. Todo por y para el resultado, sin considerar cómo me sentía o cuánto me estaba drenando. El resultado era mi obligación, no mi premio (¿Cuál era el premio?) Y ni siquiera me he permitido celebrar los logros, aunque quizás no había nada que celebrar. ¿Acaso no sentía odio y repulsión por todo aquello que me costaba tanto esfuerzo y lágrimas?

He soportado tantísimo. ¡Qué capacidad de aguante y sacrificio! Cuánta energía despilfarrada que podría haber sido aprovechada de una manera más positiva y fructífera. Mi vida y mi persona valen mucho más que cualquier título, ascenso, resultado, bebé o afecto. Siento muchísimo haberme traicionado de esa manera, de haberme maltratado de esa manera. Solamente puedo pedirme perdón y tratar de no caer nuevamente en esas actuaciones. Ojalá pueda conseguirlo. Me merezco todo lo mejor.

martes, 31 de diciembre de 2019

Adios 2019

Último día del año civil. Me gusta poner énfasis en la etiqueta porque el año pagano lleva ya dos meses en curso. Aun así, este día tiene mucha carga de comienzo por el inconsciente colectivo, algo que hay que aprovechar. En cierta manera siento la energía de comienzo, quizás porque recientemente tuvimos el eclipse solar en Capricornio, y hace días que organicé las agendas y calendarios. Incluso tengo los propósitos esbozados. Pero también lo siento un poco diferente, como si más que ilusión por el nuevo año estuviera dejándome llevar. El último mes ha sido bastante duro a nivel emocional y, ahora que me siento un poco más serena, tampoco me parece mal regordearme en ese sentimiento.

En comparación de 2018, 2019 no ha sido tan mal año. Tampoco es como para tirar cohetes, pero nada que ver con su predecesor. Es como estar remontando, como estar recuperándose de una enfermedad o un golpe duro. Como compensación creo que veo las cosas con mayor claridad y que estoy recuperando mi poder, un poder que había cedido a otros para que me hicieran daño. Mi locus de control está más dentro que fuera, aunque sigo intentando empujarlo completamente hacia dentro. Hasta que lo consiga. Es el único propósito que me he marcado para el 2020, el cual no es moco de pavo. Se puede subdividir tanto que el mapa mental podría ser muy extenso. No lo he hecho porque me causa ansiedad y porque también es bueno dejar una cierta flexibilidad. Sin embargo, es importante ponerlo por escrito para anclarlo.

El final de año me pide simplificar, me pide vacío. Llevo varios meses contactando con el vacío y es algo que me aporta mucha paz. Podría pasarme horas allí. Podría incluso diluirme y retornar a la fuente, aunque siento la resistencia de la individualidad. Hace unos días, viendo una serie donde ejecutaban a un preso, enfrenté mi propia muerte. Me di cuenta de que llegado el momento sería algo un tanto contrafóbico y que me lanzaría a ello con un "vamos allá". La incertidumbre da un poco de miedo, pero no es algo nuevo. En realidad he pasado muchas veces por un proceso similar. Creo que el dolor me da más miedo.

En 2018 sufrí muchísimo, hasta el punto de morir en gran parte de mí. 2019 también ha tenido sus momentos dolorosos, pero he aprendido. De hecho, he ascendido un escalón tan grande de conciencia que a veces me sorprende de cuánto he ganado. Siempre me he considerado sabia, ahora lo soy mucho más. Y conforme más me conecto con la Divinidad, más me sorprendo de cuánto gano. Quizás no consiga materializar mis deseos en mi realidad, lo cual me entristece y me frustra, pero mi alma se ha expandido tanto que me maravilla. Quizás mi segundo propósito sería ahondar más en el proceso, siendo o no sacerdotisa de la Diosa. Sigo transitando ese camino todavía, pero tengo que resolver mi tema con la comunidad: ¿en qué manera podría servir yo a la comunidad? No lo tengo demasiado claro y además mantengo una distancia prudencial con las enseñanzas y el grupo. También me resisto a diluirme en él.
Aun así me siento muy orgullosa de mí misma por haber pasado el rito iniciático de la Primera Espiral. No se puede describir con palabras lo que aquello supuso, el sentimiento que se generó y la impronta que dejó. Hay que pasarlo para entenderlo. Fue un momento culmen en este año.

En cierta forma creo que en 2019 me he estado contemplando por dentro para llegar a la esencia que soy y quitarme todo lo que me habían dicho que era. Esto me genera un poco de ira, que es otro de los temas que tengo que trabajar. Sorprendentemente, en las últimas semanas estoy recordando mucho los primeros años de mi vida. Me llegan recuerdos de cuando tenía 3-4 años de una forma bastante clara, y me he dado cuenta de que 2019 está muy ligado a esa edad, aunque ignoro cómo. Siempre pensé que los 5 años fueron bastante determinantes, y si es así, el próximo año será fuerte. Necesito repasar mi línea de vida para ver si soy capaz de extraer alguna pista que me ayude. La verdad que el crecimiento personal está bien, pero me gustaría un poco de bienestar para variar. Sé que ese bienestar está en mí y mis creencias, y que tengo que desmontar un sistema muy arraigado y crear uno nuevo. Ojito a la conjunción Plutón-Saturno del día 12.

Lo bueno de todo esto es que estoy descubriendo a una persona maravillosa escondida por miedo a no encajar con las expectativas externas. Tengo mucha luz en mi interior y mucho amor. A lo mejor consigo quitar algunas capas para que pueda verse, porque mejor que ser bueno es ser feliz.

Este año no haré ritual de Nochevieja, pero encenderé una vela por mí, para que ella me recuerde que yo soy la antorcha que ilumina mi camino. Y es que yo soy una estrella.

viernes, 13 de diciembre de 2019

La gota que colma el vaso

El acontecimiento que colma el vaso no es quizás el más importante de todos, pero sí es determinante en cuanto a que lo desborda. Ahí nos damos cuenta de que hemos rebasado todos nuestros límites de paciencia y aguante. Entonces se produce una consecuencia.

Hay gente que sabe poner los límites de una manera serena y con elegancia, pero yo no. La gente me puede considerar fría, pero mi interior no es apacible la mayor parte del tiempo y soy más sensible de lo que pretendo aparentar. Aguante tengo mucho, pero muchísimo, pero me desbordo, como todos. A veces es un tsunami de ira, otras es gélido e indiferente. En la primera hay emoción, en la segunda hay muerte.

La gente solamente percibe la reacción y lo ven como algo exagerado, desmedido, injustificado. Te tachan de loca, inestable, intolerante, injusta, agresiva, mala, como si ellos no hubiesen contribuido a llenar el vaso. La falta de autocrítica de la gente es impresionante. Y estoy hasta las narices de justificarme, de ser comprendida, de comprender a los otros, de tratar de arreglar las cosas. Llega un punto en que te dan igual todas las consecuencias porque has soportado, has tragado tanto, te has sometido tanto, que piensas que no hay mal que no puedas resistir.

Hoy he leído una frase que dice:"en las crisis el corazón se curte o se rompe". El mío se ha roto varias veces y no le ha importado a nadie. Ahora mismo me da igual todo.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Proyecciones

Uno de los mecanismos de defensa del eneatipo 6 es la proyección, es decir atribuyendo a otros lo que no puede aceptar en sí mismo, tanto positivo como negativo. Estoy intentando ver el mecanismo en mí porque hasta la fecha no he sido capaz, y he caído en algunas situaciones que quizás lo sean. Pero ¿cómo diferenciar lo que es proyección de lo que es real? Quizás la respuesta es que el mundo exterior es un espejo del interior y que nos refleja lo que sucede allí. Las personas reflejan lo que somos.

Mi primera idea de proyección tiene que ver con la autosuficiencia. Hace unos días tuve una situación desagradable con una compañera que creía una amiga (ni decir tiene que ahora mismo orbita en los anillos exteriores). Su queja tenía que ver con el exceso de carga de trabajo, pero cuando le pregunté qué quería soltar prácticamente se negó a cederlo. Mi interpretación fue que quitarte trabajo la hacía considerarse poco profesional o incluso competente, porque la gestión de los proyectos son su área de confort. Muchas veces se queja de que la gestión no le gusta, pero es lo que le da seguridad porque es lo que sabe hacer y lo que avala su propósito en el grupo. Comentándolo con Anet, me dijo que si no estaba proyectando mi propia incapacidad para dejar que me ayuden. Y me he quedado dando vueltas al tema, porque no sé si estoy proyectando o no. En realidad no importa si estoy proyectado o no, si llevo razón respecto a esta chica o no, sus motivaciones o sus temas; lo importante es que, efectivamente, me cuesta mucho pedir ayuda y aceptarla. La autosuficiencia es el mandato de mamá.

¿Cómo se rompe ese mandato? Pidiendo ayuda y aceptándola. ¿Cómo hacerlo si muchas veces no sé sobre qué pedir ayuda o no sé cómo pedirla? Aquí hay una segunda derivada: pedir ayuda es un signo de debilidad. Mostrar debilidad es algo que está prohibido en mi familia. De ahí viene la armadura exterior, el no permitirme compartir, el no abrirme...porque si me abro, me van a agredir. Tengo miedo a que la gente me haga daño y prácticamente es una certeza. "Everybody hurts". Por eso siempre habrá una parte de mí que es inaccesible.

Mi segunda proyección tiene que ver con el perfeccionismo de mi padre. Veo a mi alrededor mediocridad por elección y es algo que me irrita enormemente. Estaba pensando que me irrita casi igual que la prepotencia (algo que es otro tema a analizar), que es mucho decir. Y aquí sí me interesaría mucho saber si realmente estoy proyectando, porque no podría soportar la mediocridad en mí en el ámbito laboral (es importante esta matización).   Según el diccionario, mediocridad hace referencia a una persona de poca inteligencia o de escaso mérito, o a una persona de poca importancia, talento, eficacia, etc. Eso significaría que esto decepcionando a mi padre y no puedo soportarlo. Ahora mismo estoy escribiendo esto y me estoy poniendo muy mal solo de pensarlo. Por eso no puedo tolerar la mediocridad en otros, porque no puedo tolerarla en mí. La mediocridad está prohibida. Pero ¿tan malo es saberse mediocre, insuficiente, imperfecto?

Mi tercera proyeción tiene que ver con el amor propio. La mayor parte del tiempo siento que no le importo a nadie lo suficiente: no me dedican tiempo, ni atención, ni esfuerzo, ni me cuidan, ni se preocupan por mí, ni se interesan por mí, ni me valoran. Esto en parte podría estar relacionada con la coraza que llevo puesta, que crea una distancia entre los otros y yo. También me quejo de algo que yo hago con los demás: no soy la persona más social (lo tengo muy en ciego), ni la más extrovertida, ni la más divertida, ni la más dicharachera...pero es que además hay mucha gente que me da muy, pero que muy igual. Y esto está mal visto. Ser un asocial, no compartir los valores y las costumbres, te hace estar fuera de la manada y eso, biológicamente, implica un peligro de muerte. Por eso la hipocresía es socialmente aceptable porque es lo que te permite formar parte del grupo, pero sigue siendo una construcción falsa e interesada. Dicho esto, falsos somos todos, pero es fuerte aceptar que tú eres falso e interesado también.

La pregunta es: ¿se puede exigir lo que no se da? Existen relaciones que son muy asimétricas, donde uno pone más que el otro, o donde uno pone todo y el otro nada. El que pone mucho suele sentirse muy frustrado al no conseguir que se le retribuya en una medida similar o, al menos, parecida, y va acumulando ira y resentimiento. El que pone poco aparentemente lo tiene mejor, porque apenas compromete recursos propios. Incluso puede sentirse poderoso dando por sentado al otro. Su ego se hincha e incluso puede despreciar al primero por débil. Él no tiene que exigir lo que no da, porque lo tiene de todas formas. Pero cuando la cuerda se rompe, ¿quién sale más beneficiado? Dependerá de lo que cada uno haya aprendido en la experiencia.

Por lo tanto, ¿puedo pedir atención cuando no la doy? ¿puedo pedir amor a quien no le doy?
Pero en realidad, la auténtica proyección es preguntarme: ¿cuánto amor me doy? ¿cuánta atención, cuánto valor, cuánta importancia, cuánto respeto? 

lunes, 9 de diciembre de 2019

Memorias

Hay días que tienen un significado especial.
Son memorias que uno desea guardar activas para que no se pierdan, porque en cierta forma si tú los mantienes vivos puedes volver a pasar por ellos y sentir aquello que viviste.
Es poder recordar la sensación, la emoción, las palabras, los gestos, el lugar, el frío que hacía, las circunstancias. Es la renovación de un sentimiento.
Los aniversarios marcan un año más de amor y de entrega. En cierta forma nos pueden ayudar a reflexionar sobre cuánto hemos hecho, cuánto nos queda por hacer, cuánto hemos aprovechado, cuánto hemos malgastado.
Nos enseñan que podemos intentarlo todo, que queda mucho por vivir, aunque sean también un refugio donde un alma abatida y cansada puede encontrar algo de calor.
Es recordar por qué es importante para ti, aunque nadie más lo recuerde.
Yo siempre hago mi parte.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Ira




Hace unos días que he llegado al límite de mi control. Es como si tuviera una herida a flor de piel y cada pequeño roce me hiciera saltar. Salto muy mal, con una ira descontrolada, señal de que llevo aguantando mucho demasiado tiempo. Hace unos días le eché una bronca sin parangón a un agente de mi operador móvil porque no movió un dedo por ayudarme en un problema que tenía, y hoy casi salto con el técnico de IT de la empresa por algo similar. Y creo en cualquier momento voy a arrancarle la cabeza a algún minion por cualquiera de las idioteces con las que me vienen últimamente.

Estoy agotada mental y emocionalmente.
Pero cómo se siente la ira circulando por el cuerpo, como un río de lava. Es tan caliente y tan intensa que a veces me deja temblando porque creo que no voy a ser capaz de contenerla. Pura adrenalina. "Y catecolaminas, Mari", que me diría Blanca. Cuatro horas mínimo para eliminarlas del cuerpo, si no se almacenan en el hígado, por ejemplo.

Lo peor es que creo que no salto por el tema en cuestión sino que tiene que ver más con una tendencia acumulada durante años, en los que he tragado y he aguantado todo. Cuando salto, creo que lo hago por las miles de veces que abusaron de mi buena fé, por las miles de veces en que no supe poner límites, por las miles de veces en que no supe hacerme respetar. Y claro, he liberado a Sekhmet y ahora es muy difícil pararla. Así que, de repente, he dejado de ser la tía simpática, agradable, comprensiva y servicial, y me he convertido en una versión más oscura. Y como la gente carece de toda autocrítica, la mala seré yo. Pues seré la mala. Me viene una frase de mi madre al respecto: "mejor que te tengan miedo a que te tengan lástima". Gracias, mamá por tus creencias limitadoras.

Queda poco para el puente. Había pensado en cogerme un día suelto para descansar antes, porque estoy cansada, pero no sé si va a ser factible. Tengo muchas ganas de parar y cambiar de aires.

miércoles, 30 de octubre de 2019

El basurero

La "psicóloga" ha vuelto. Hacía mucho tiempo que nadie me volcaba su mierda emocional, pero desde este fin de semana estoy atrapada en una pila ingente. Cada día se presenta con una historia diferente, llena de penas, miserias, problemas y dramas. No lo llevo bien e incluso lo estoy somatizando. Mi evitadora natural está horripilada y desea, más que nada, poder aislarme, pero no puedo hacerlo todo lo que me gustaría, y estoy a punto de reventar. Creo que he recaído en algún aspecto de mi antiguo patrón y necesito rescatar los formularios de Paz para ver de qué se trata.

Hablé con Charles sobre el tema ayer.  Él es de las pocas personas que siento que me cuidan. No resulta pesado, pero está pendiente de mi bienestar, y de vez en cuando me pregunta: "¿Cómo estás tú?".  A veces me desahogo un poco con él, aunque no pueda contarle absolutamente todo de mi vida. Hablamos de psicología y desarrollo personal, y se nos va el tiempo. También vamos saltando continuamente de la parte personal a la laboral, y resulta un poco confuso. Pero se agradece saber que le importas a alguien.

Hablamos del apoyo de los "amigos" en situaciones emocionales complicadas. Él siempre me advierte de que me presto demasiado a los demás, de que siempre estoy dando apoyo, escuchando, aconsejando...y a veces me dejo arrastrar. A veces me siento como un basurero, donde la gente vuelca su mierda y se liberan, sin importar mucho si estoy para recibirla o si me afecta. Vienen, vuelcan y se van. Me usan y se van. Y después es como si yo no existiera.

La gente me debe ver tan fuerte, que ni se para a pensar que yo pueda necesitar desahogarme también.  "Si me pinchas, ¿acaso no sangro?".  Algunos miran la sangre y no la ven. Te desangras y siguen quejándose de lo suyo. Mucha gente ni siquiera se molesta en intentar ver más allá de sus problemas. ¿Es eso amistad? No lo parece. Es totalmente asimétrico y egoísta, y demuestra falta de empatía, por no decir de amor.

Echo de menos en general una preocupación sincera por mí, un acercamiento para ver si necesito algo. Que sí, que yo después soy muy mía y no me dejo ayudar, pero es que ni siquiera un intento. Es decepcionante.  Tendría que mandar a tanta gente a la mierda...Y, sin embargo, a muchos de ellos los aprecias y sientes que necesitas quedarte ahí. De otros te sientes responsable. A veces siento que tengo demasiados de los que ocuparme. Puede ser que necesite un cambio de táctica y buscar formas que sean más convenientes para mí, que no me vacíen tanto.

Necesito evasión.

domingo, 13 de octubre de 2019

Sobre la muerte

El curso de "El camino a la sombra" planteaba hoy nuestra relación con la muerte, y me ha parecido interesante volcarlo en mi blog.

La muerte nos rodea pero parece como si quisiéramos ignorarla. Es por no plantearnos la propia, por no ser conscientes de nuestra propia mortalidad, como si eso pudiera frenarla. La televisión ha hecho que contemplemos la muerte como si no fuera real, como si eso les pasara a otros y no pudiera tocarnos.

No recuerdo bien mi primer contacto con la muerte. Seguramente fuera uno de mis bisabuelos paternos, pero yo era tan bebé que no lo tengo ni registrado. Después llegaría mi tío-abuelo Pepe tras una enfermedad agónica que quizás fuera cáncer de huesos. Mis recuerdos de entonces son muy borrosos, así que yo debía ser muy pequeña también, puede que unos tres o cuatro años. Recuerdo que fuimos a visitarlo a su casa en Barajas y que estaba postrado en una habitación. Yo no quería entrar a verlo porque olía a enfermedad, pero mi abuela y sus hermanas insistieron en que pasara. Tengo la imagen de una sábana blanca cubriendo unas piernas muy delgadas y pálidas. Me impactó bastante como para no volver a entrar. Del entierro no tengo recuerdos.

La familia de mi abuela eran sepultureros, así que la muerte no les era ajena. De pequeña íbamos ocasionalmente a visitar a mi tío-abuelo Goyo, que vivía dentro del cementerio de La Almudena. Mi hermana y yo alguna vez jugábamos entre los nichos vecinos a la vivienda. Quizás de ahí venga mi gusto por visitar los cementerios, que siempre me han parecido lugares muy tranquilos y soleados. Aunque a veces mi mente me sugestionaba con el miedo a los muertos vivientes.

A pesar de esa cercanía a la muerte, siempre me ha parecido que mi familia paterna eran más expresivos en su dolor que mi familia materna. Las mujeres de mi familia nunca han llorado en entierros, a diferencia de los varones, porque ellas se ocupaban de otras tareas que eran necesarias hacer en los pueblos.

No recuerdo ninguna conversación en mi infancia que me preparara para la muerte. Para mí la muerte siempre fue un cambio de estado en preparación a otra vida. Siempre he creído en la vida después de la muerte, aunque no tenga una certeza y desconozca la forma. Incluso en el caso de que no existiera, pienso que me convertiría en parte de la tierra, igual que la sirenita de Andersen convertida en espuma de mar, y no me parece tan mal destino. Por eso no quiero que me entierren en una tumba o en un nicho, sino que prefiero una incineración y que mis cenizas reposen directamente en la tierra. Puestos a pedir, quizás pida que me suelten en el cierzo, como mi tía Ana y volar muy lejos.

Por esta forma de entender la muerte, nunca he sentido pena por los que se marchaban. De hecho, cuando escuchaba las homilías de los curas diciendo que debíamos alegrarnos, siempre me pareció bastante natural. Lo que sí siento es el dolor por la pérdida, por la separación de alguien querido y el vacío que deja en mi mundo. Lo sentía así con mis muchas mascotas y también lo he sentido con cada persona que ha desaparecido en mi mundo, aun cuando hiciera mucho tiempo que no supiera de ella. Me pasó por ejemplo con Alfredo, mi profesor de tercero de EGB, que falleció recientemente. Echaba de menos la idea que tenía de él en mi cabeza, ya que fue una persona importante en mi infancia.

Las muertes más recientes son quizás las más dolorosas: mi abuela Valentina, mi BH, mi tía Ana, mi gata Teína. Algunas de ellas todavía duelen.
La muerte de Teína fue la primera de esta ronda. Me afectó mucho porque quise acompañarla durante toda la eutanasia. Era ella mi niña y no podía permitir que muriera en aquella sala fría rodeada de desconocidos, así que estuve con ella hasta el último momento acariciando su lomo y susurrándole que estuviese tranquila. Fue un momento muy duro, pero no me arrepiento. No recuperé nunca su cadáver, y no sé si hice bien. Ahora la recuerdo en cada Samhain.
En la muerte de BH yo no estaba tan consciente porque sentía tanto dolor físico y emocional que no era muy consciente de lo que sucedía. Sí sentí caer la bolsa amniótica en el water y perderse por las tuberías. No pude recuperarlo y me parece un fin tan triste. Al menos he intentado que no se convirtiera en un excluido de mi sistema.

He pensado muchas veces en mi propia muerte. Cuando tenía unos veinte años pensaba en el suicidio, porque sufría mucho y no sabía cómo salir de ahí. Ahora sé que aquello era más una fantasía porque desconocía el dolor auténtico. No me da miedo la muerte, pero sí el sufrimiento final. He visto auténticas agonías que no tienen ningún sentido. Sé que tiene que ver con el apego del cuerpo al mundo, ya que está biológicamente programado para mantener la vida a toda costa, pero también mucha gente por miedo a dejar mal a los que se quedan. Por eso, en los últimos días de mi tía y mi abuela les di permiso para marcharse, asegurándoles que los que quedábamos íbamos a estar bien y que su papel en esta vida estaba cumplido. Supongo que la incertidumbre también frena, aunque cuando el alma ha decidido marcharse, no hay nada que pueda retenerla.

Obsesionarse con la muerte no tiene mucho sentido, porque se pierde la vida intentando no morir. Yo reconozco que he dejado de hacer algunas cosas por miedo a la muerte. Tuve unos años en que viajaba mucho y desarrollé miedo a volar. Mi trabajo lo exigía y no me quedaba otra, pero lo he pasado muy mal durante años intentando controlar ese miedo irracional. Aún me queda un poco. Por la misma razón, prácticamente he dejado de subirme en las atracciones de la feria, porque me da miedo caer al vacío. Aquí quizás tenga más fundamento, ya que una vez subí a una atracción de altura que no tenía demasiada seguridad, y me pasé todo el recorrido intentando no salirme por la puerta y caer. Tuve también un accidente con el coche hace unos años, chocando contra la parte trasera de otro vehículo, pero no tuve ninguna secuela. En realidad, no he tenido demasiados episodios de riesgo. Posiblemente el peor sucedió cuando era pequeña, que me subía muchísimo la fiebre. Mis padres me llevaron a urgencias y me sumergieron en agua helada para bajarme la fiebre, pero me la bajaron tanto que casi no remonto. En otra ocasión, una araña me picó en la playa y el veneno me puso el pie duro como una piedra, y en urgencias tuvieron que ponerme una inyección para que no me subiera más.

Que intente no obsesionarme no quita para que no trate de cuidarme un poco. El cuerpo es como un coche, que necesita un mantenimiento para funcionar y que te sirva muchos años, solo que no se puede ir al concesionario a buscar uno nuevo. Al menos de momento es así en esta realidad. Por eso importa darle una mínima atención, aunque seguramente no lo cuido todo lo bien que debería, y podría hacer mucho más por intentar darle una vida digna.

Por último me gustaría recordar que no es peor la muerte que estar muerto en vida. Hay gente insatisfecha, anclada en trabajos que no disfruta, en relaciones que no le aportan, en matrimonios de apariencia, presos de condicionantes y expectativas familiares y sociales, en el miedo, en rutinas asfixiantes y desmoralizantes; en el ruido del hacer sin ser, sin emocionarse, sin sentir la magia de la vida, sin admirar la belleza del mundo. No me gustaría caer en eso, aunque temo que en algún momento de mi vida he sido así. Lamentablemente. Un tiempo perdido que no voy a recuperar. No siempre es fácil verlo y no siempre es fácil romper con el círculo vicioso, pero nos hacemos mucho daño quedándonos ahí. Incluso diría que eso termina por acortarnos la vida y llevándonos a una mala muerte. Vivir es elegir y elegir es descartar, y a veces elegimos la muerte por miedo al qué dirán, a perder el favor de otros. Es el miedo a la libertad de ser nosotros mismos.

jueves, 10 de octubre de 2019

Ceguera

Ayer una persona me dijo que estaba rara y en vez de tomármelo de forma personal, lo consideré. Lo que no sé es en qué forma estaba rara. Pregunté, pero la respuesta no fue reveladora por ser un tanto evasiva y ligera. Así que de ahí no voy a aprender, pero me quedo con mi parada y mi intento de toma de consciencia.

Quizás estoy más sensible a este tema en estos días después de la clase de eneagrama y verme en mi subtipo. Como dije, no me lo esperaba. Pero conforme pasan los días me van llegando evidencias de que efectivamente es mi subtipo y me sorprende cómo cabía la duda cuando parece tan claro. Me sorprende (incluso me apena) el descubrir que no me conozco tan bien como pensaba. Pero este mes estoy sumergiéndome en la sombra y puede que de ahí salgan nuevas revelaciones. Al final, el camino del autodescubrimiento es infinito. Lo malo es que la vida lo es, así que en la muerte no habré llegado a conocerme del todo. No creo que importe demasiado.

Además de mi ceguera, soy testigo esta semana de la ceguera de los demás. Ayer me metía en la cuenta de Twitter de una compañera de trabajo y se definía como "empática". ¿Empática ella? Dios mío, no le veo un ápice de empatía en todo su cuerpo. Cierto es que la he tratado poco como para aseverarlo, pero por las salidas y las respuestas que tiene, puedo decir que empatía es un poco deficiente. Pero ahí está ella, en su concepción de sí misma, pensando que es una de sus virtudes más profundas y promulgándolo al mundo sin pudor. La puedo entender porque yo también me consideraba empática, hasta que Raquel dijo que los eneatipos 6 carecen de empatía. Todavía me resisto a esa idea, aunque puedo reconocerme en situaciones donde mi empatía es nula.

Luego está Teresa, a la que le han negado el paso a la segunda espiral por su falta de preparación y de implicación en la primera. Ella no lo entiende y se siente muy decepcionada. Está en plena espiral de victimización, donde es posible que yo no pueda ser empática porque me recuerda el chantaje emocional de mi madre para conseguir sus propósitos, aunque también he de reconocer que ese comportamiento me parece de personas débiles y me hace un espejo que no me mola nada. Mostrar mi vulnerabilidad es uno de mis trabajos pendientes. Teresa ve su "suspenso" como un rechazo, aunque es ella la que pone el rechazo en bocas ajenas. Nadie considera que es pija, que no es suficiente, que no vale...todo eso lo dice ella, porque es la imagen que cree que los demás tenemos de ella. Lleva semanas haciendo una especie de ejercicio de autoafirmación frente a esa imagen, como si nos desafiara. En plan: "vosotros no me consideráis apta, pero por mis cojones que me vais a tener que aguantar, porque yo soy una tía estupenda a pesar de lo que penséis de mí". Me molestó en su momento, y sé que podría saltar por ahí (incluso podría llegar a ser cruel), pero he decidido que no voy a alimentar a su monstruo. Le di un consejo y me he retirado. Pero el tema ha escalado tanto que ha llegado a la hostilidad entre ella y las formadoras. Y, curiosamente, se ha callado, pero no se ha marchado del chat, porque en el fondo ella quiere seguir vinculada a esto. No sé en qué forma realizará su retorno, pero lo espero.

Lo que más me sorprende es su ceguera, su falta de autocrítica. Esto se ve mucho: la falta de autocrítica. Lo veo en todas partes. Todo el mundo cree que hace todo bien, que no tiene nada que mejorar o rectificar. En cuanto les llevas un poco la contraria se enfurruñan, porque son incapaces de aceptar que pueden estar equivocados. No digo que sea fácil y que no duela, pero en general, nadie escucha y nadie quiere cambiar, bien porque la sombra da miedo, bien porque están apalancados en una idea que les da confort.

Tenemos los egos subiditos.