martes, 17 de marzo de 2020

Semana 1

Llevo una semana de confinamiento por coronavirus. Como no he bajado al médico, ni me ha atendido nadie, no puedo confirmar o desmentir que haya pasado el coronavirus, pero sí he tenido unos días donde he estado muy mal. Empecé con fiebre, luego con la garganta, algo de tos y después la congestión nasal. Ha sido una sucesión de síntomas que me han tenido en cama durante varios días y aislada del mundo por necesidad.

Hasta la fecha no lo he llevado mal, habida cuenta de que he dormido más de lo que he estado despierta, lo cual ayuda a pasar los días. Ahora que me encuentro casi recuperada veremos cómo se capea el estar encerrado. Creo que soy bastante afortunada respecto de esta cuarentena. Tengo silencio y tranquilidad, tengo comida, agua corriente, calefacción, luz, ropa limpia, tengo libros y tengo Internet. También tengo unas vistas decentes que me permiten observar el mundo desde mi ventana. Está totalmente primaveral y Madrid es precioso en primavera.

Tengo la suerte de poder teletrabajar y de vez en cuando tener telcos con algún compañero. Eso me permite tener suficiente contacto social como para no volverme loca. También estoy teniendo videollamadas con mi hermana y su familia a los que he visto más en tres días de lo que llevo en todo el año. Aun así echo de menos a ciertas personas a las que voy a tardar mucho en ver, si es que volvemos a vernos. No lo digo a modo ominoso, pero es cierto que la distancia produce desapego, así que el reencuentro, de producirse, podría ser muy extraño, frío, incluso. Te fuiste siendo un amigo y regresas siendo un desconocido.

Hoy he decidido hacer algo de deporte por moverme un poco, y he hecho una rutina sencilla que he encontrado en Youtube de unos quince minutos. Casi me muero. He perdido toda la forma y es muy posible que mañana tenga agujetas. Mantener la disciplina va a ser difícil, porque no se me apetece nada hacer esto. Pero me temo que tendré que esforzarme porque la reclusión va para largo, aunque espero que de aquí a unos días pueda bajar a hacer compra al menos. Con la limpieza de la casa me cuesta menos. No es que me esté matando a limpiar, pero me recuerda a mi viaje a Japón y la necesidad de mantener las cosas en orden para que un espacio pequeño no se venga encima.

Mis gatas me hacen compañía. Tengo la sospecha de que Ozzy está algo enferma. La noto mustia para lo que es ella y hoy creo que no la he visto comer. Voy a observarla a ver si se confirma. ¿Están abiertos los servicios veterinarios? Ni lo sé. Ozzy no es una gata tan mayor, sobre todo si la comparo con Cafeína, pero puede que esté siguiendo un patrón parecido al de Teína. Este año hará tres que Teína se marchó y sigo echándola de menos. También echo de menos a mi tía Ana y a Héctor. Dentro de no mucho tendré más gente al otro lado del velo que aquí, como para querer quedarme. He pensado que quizás morir por Coronavirus no es tan malo después de todo.

Cuando termine la cuarentena, voy a necesitar horizontes. No sé cómo hay gente a la que no le gusta viajar. Cuando termine la cuarentena, mi mundo estará patas arriba y no voy a saber ni por dónde empezar a recomponerlo.

sábado, 14 de marzo de 2020

Aislamiento

Hoy era el cumpleaños de mi padre y, por ser una persona de riesgo, no hemos celebrado el día con él. Ha sido un poco triste, pero es mejor prevenir que lamentar. Yo especialmente, que soy la que tiene síntomas gripales. Estoy encerrada en casa desde el martes capeando la situación como puedo, porque no termino de mejorar. No sé si tengo coronavirus, pero he pasado por múltiples síntomas: primero fiebre, luego la garganta, y ahora el resfriado. Estoy un poco floja y por eso estoy durmiendo bastante, lo cual me ayuda a pasar estos días bastante bien, porque estoy perdida en mi mundo onírico al margen de la realidad.

Una realidad que tiene mucho de surrealista, porque estamos viendo cosas que van contra toda la lógica. Para empezar es la primera vez que vivimos una situación así. Las pandemias anteriores ni nos han tocado, por lo que no tenemos ni experiencia ni conciencia. No es una excusa, pero explica que la gente haya tenido muchos comportamientos insolidarios y egoístas, no por maldad, sino por falta de conocimiento. Es fácil decir: "es de cajón", pero no lo es. A veces nos lo tienen que decir, nos lo tienen que explicar. Y luego es cierto que habrá gente que se pase todo por el forro una vez que lo haya comprendido, porque el ser humano es así.

También hay que tener en cuenta de que hemos entrado en una fase donde el neocortex no va a funcionar bien. La información que recibimos solamente alimenta el miedo, y en el miedo es el cerebro reptiliano quien está al mando. Ahí no podemos pedir mucha comprensión ni raciocinio, porque estamos en modo reactivo total. Tampoco es una excusa, pero funciona así. Y no olvidemos: si la especie ha sobrevivido, no es por actos de bondad, sino por actos de supervivencia. Descendemos de lo peor. Creo que es importante reconocerlo, porque gracias a esos actos, estamos aquí. No quiero decir que los repliquemos, pero sí que tengamos en cuenta que somos animales y que biológicamente estamos diseñados para sobrevivir. A nuestro cuerpo le importa poco si somos felices o buenos, solamente cumple su misión de mantenernos con vida, y eso pasa por robar, matar o estafar si es necesario.

Sin embargo, dentro de todas las malas tendencias, también hay espacio para aquello que nos define como humanos: gestos de una generosidad y una solidaridad enormes. El caso más evidente es el del cuerpo médico, doblando turnos, totalmente expuestos al virus, pero entregados a aliviar a los afectados e intentando combatir la enfermedad. Pero hay muchos más que hacen que la sociedad pueda mantenerse a pesar de la situación: celadores, cajeros de supermercados, dependientes, reponedores, servicios logísticos, policías, etc. Y además hay ciudadanos que están intentando hacer de la situación algo más amable. Gente que se ofrece a cuidar a los hijos de otros, a hacer la compra a sus vecinos mayores, que donan sangre, que están ofreciendo actividades online para ayudar a los que estamos aislados (bueno a partir del lunes todos)...Mi hermana, por ejemplo, se ha ofrecido a cuidar de un niño cuyos padres son enfermeros para que se vayan a trabajar tranquilos. Me parece un gesto muy generoso y me hace sentir muy orgullosa. No sé si yo habría sido tanto.

Por mi parte, este aislamiento me ha hecho pensar mucho en una vuelta a lo básico. Pienso en las brujas solitarias del pasado, aisladas en sus cabañas en el bosque al margen de la sociedad. Cuando no puedes salir afuera el único camino es hacia dentro. Esto es una especie de oportunidad para estar conmigo misma en estado puro. Es cierto que tengo las redes sociales para contactar con quien necesite en un momento dado, pero la mayor parte del tiempo voy a pasarla conmigo misma. Cuando esté mejor voy a tener que invertir mi tiempo en cosas que tengan que ver conmigo: la casa, mi mente, mi estado emocional, mi identidad...es un momento para mí. Porque está claro que cuando todo esto pase, las cosas no serán como antes. Creo que es un episodio que nos va a cambiar mucho como sociedad y también individualmente.

Pero he pensado otra cosa también. Esto es casi un reset. Hoy leía "mi casa es un útero" y me ha impactado porque así lo creo en estos días. Queda una semana para mi cumpleaños y estoy en una especie de transformación en estas cuatro paredes. Voy a renacer y la forma en que renazca va a depender mucho de estos días, de cómo los enfoque, de cómo los trabaje conmigo misma. Es tiempo de renovación, es tiempo de Ostara. Cuando renazca, no voy a ser la misma, aunque no sé cómo me voy a expresar. No me da miedo, más bien siento curiosidad. No voy a apresurar nada, solo dejar que la vida llame al despertar.

martes, 10 de marzo de 2020

Teletrabajo

Ante la aparente escalada del coronavirus, la directora de mi departamento nos dio la posibilidad de hacer teletrabajo total. Es una medida unilateral que tomamos nosotros, pues no hay directiva oficial de la empresa y RRHH no se moja. Ayer los jefes de mercado comunicamos la opción y parece que la gente ha decidido masivamente secundar la idea. Nosotros estamos preparados para el teletrabajo desde hace mucho tiempo, así que ampliarlo no es un problema operativo. El problema es otro.

Yo soy una de las afortunadas que disfruta de un amplio teletrabajo habitualmente. Ampliarlo no va a suponer una gran diferencia, salvo en la parte humana. Todos necesitamos esa parte social que nos da la oficina, especialmente cuando vives sola y apenas tienes contacto con otras personas. Se pueden sostener ciertas relaciones a distancias, pero son relaciones ficticias. Toda relación humana de verdad necesita de presencia, necesita de piel, de olor, de feromonas. Hay tanta información que no se puede transmitir a través de la wifi. Si solamente fuéramos mentales, quizás la cosa podría funcionar muy bien, y de hecho, no funciona mal del todo relacionarse a través de la pantalla, pero a la larga es insostenible.

Se nos olvida que somos animales y que nuestra biología es sensorial, es de carne y hueso, de materia. Cuanto más nos desconectamos, cuanto más nos distanciamos, peor calidad de relaciones, porque necesitamos del otro para enriquecer nuestro punto de vista y nuestra visión, y ese intercambio se produce a niveles sutiles y también energéticos. Como las capas OSI. La capa de aplicación es mucho más que un intercambio de datos, es también la experiencia de usuario. Además, se produce a nivel químico: sin contacto, no hay oxitocina y sin oxitocina, no hay relaciones interpersonales, no hay intimidad ni conexión real. Por eso la presencia es tan importante, por eso vernos, tocarnos, abrazarnos es tan importante. Ni siquiera creo que la realidad virtual sea un sustitutivo eficaz. Pero el tiempo y la tecnología nos lo dirán.

lunes, 9 de marzo de 2020

Transfobia


Voy a escribir este post a sabiendas de que podría ser considerada tránsfoba, o "TERF" (Trans-Exclusionary Radical Feminist), como se le llama ahora. Quizás lo soy y no soy consciente de ello, pero no está en mi intención excluir a nadie, ni odiar a ningún colectivo. Aunque también es cierto que desconozco el postlenguaje necesario que me haría ser políticamente correcta, lo cual me hará caer mil veces en errores que contribuirán a mi imagen tránsfoba. Estoy dispuesta a aprender, porque al final creo que ciertas realidades se van imponiendo, y en principio no tengo problema con intentar adaptar mi lenguaje a algo más inclusivo, salvo que sea alguna estupidez, como lo de usar el masculino y el femenino para todo cuando existe un género neutro que engloba a ambos. He de decir que detesto el artículo "les" y todo lo que acaba en "es" para ser inclusivo.

Lo que me deja flipada de este tema es ver ciertas situaciones que siguen atentando contra la "mujer biológica tradicional". O ¿cuál es el termino que designa a la mujer que nace mujer biológicamente y decide que se se siente mujer en su interior y quiere mantener su identidad como mujer? Lo veo en la reciente manifestación del 8M donde ciertas pancartas y algunas expresiones son tildadas de transfobia. Son ciertos lemas que hacen referencia a ciertas dolencias, la anatomía y la sexualidad de la "mujer biológica tradicional" (MBT). Es cierto que al crear pancartas nos falta consciencia de otros colectivos. Mismamente yo hoy en la junta de la comunidad me he dado cuenta de que los ascensores no tienen indicaciones suficientes para los ciegos, pero he llegado a entender el argumento y me parece adecuado que se instale algún sistema que indique que se está llegando a la planta baja, por molesto que pueda pensar que va a ser. Nos falta entrenamiento en sensibilidades que son recientes. No es mala intención o falta de empatía (que también puede haberla en algún caso), es falta de consciencia en general.

Pero las pancartas reflejan una realidad que comparten muchas MBTs y que es causa de una reivindicación que viene de largo. Ahora que nos sentimos empoderadas para hablar sobre nuestra anatomía (el clítores, la vulva), para expresar nuestra sexualidad libremente y para visibilizar ciertas dolencias (calambres menstruales, la menopausia), resulta que estamos "ofendiendo" a ciertos colectivos. Antes nos reprimían los hombres y la Iglesia, y ahora nos reprimen colectivos minoritarios que se han beneficiado de la lucha de la mujer. Tú me pides respeto, pero tú no me lo tienes a mí. Entonces, ¿quién rechaza a quién? Porque yo tengo útero, tengo vulva, tengo clítoris y hablo de ellos porque son lo que me toca. Y acepto que se diga que haya hombres cis que también los tienen, pero me molesta que se trate de minimizar mis temas que representan mayoritariamente a las MBTs porque hay colectivos ofendidos.

Me flipa y me molesta que haya mujeres trans que se sientan ofendidas porque yo hable de menstruación o de que participo en bendiciones de útero. Coño, ¡es que yo menstruo y yo tengo útero, y mi sensibilidad es al menos tan importante como la tuya!. Es que da la sensación de que ser MBT es de por sí transfobia. Encima hay que pedir perdón por existir.

Y seguramente esté muy equivocada en mi visión y me falte mucha comprensión y trabajo interior, pero creo que complicamos demasiado las cosas y tenemos demasiada tontería encima.

lunes, 24 de febrero de 2020

La vida de los elfos


Hacía mucho que un libro no me conmovía tanto como éste. Quizás cada historia tiene un tiempo perfecto en la que encuentra al lector que está preparado para recibirla como merece. Este libro me ha encontrado a mí y yo lo he disfrutado enormemente. El final no es redondo por quedar demasiado abierto, como si se preparase para una continuación (ignoro si la tiene), pero el resto está construido de manera exquisita para mí. No solamente es la historia, llena de magia y de mundos de fantasía, sino que su construcción es poesía pura hecha prosa. Adoro el vocabulario elegido, así como las imágenes empleadas. Puede que sea descriptivo de más, pero me resulta suave como crema en los labios. Es hermoso.

Narra la historia de dos niñas, Clara en Italia, María en Francia, de sus orígenes misteriosos y cómo se relacionan con una batalla entre dos bandos de elfos, que podrían representar el bien y el mal, aunque esto me parece una simplificación. Unos elfos desean eliminar al ser humano y otros desean mantener una alianza con ellos, porque estiman la vida humana y la belleza que aporta.

Las niñas cuentan con poderes especiales. Clara es una virtuosa de la música, que usa para contar historias. María es una sanadora de mundos. A pesar de la distancia, existe un vínculo entre ellas que se fortalece gracias a los poderes de Clara, la que tiende puentes, aunque es María la que tiene que afrontar la batalla. No están solas. Clara tiene a parte del consejo élfico a su lado, mientras María cuenta con los habitantes de su aldea, unos campesinos tan apegados a la tierra, a la naturaleza y a sus ritmos, que son capaces de ver más allá de lo que es evidente. Me encanta cómo disfrutan de las cosas simples de la vida, que pasan por la buena comida, la comunidad y el amor. Tienen la condición de las antiguas comunidades, donde todos tienen vínculos de fraternidad y de familia, y están dispuestos a morir por lo que consideran suyo, aunque no haya nacido en su tierra.

Me encanta cómo se describe el vínculo con la naturaleza, porque evoca un tiempo antiguo en el que el hombre se reconocía como parte de ella y conocía sus tiempos y su lenguaje. Quizás es eso lo que permite la comunicación con los elfos del otro lado de las brumas.


Ideas santas

Da igual la temática que tratemos, cada clase de eneagrama es un espejo que me hace mirar donde no quería o no esperaba. A veces hay dolor, pero hay mucho reconocimiento, que es fundamental para poder aceptarme como soy. Poco a poco voy tomando consciencia de mi personalidad y la voy integrando, a pesar de los rasgos menos positivos que contiene. Descubrirme para trascenderme, no para identificarme con esa personalidad. Pero se me suele olvidar que yo soy mucho más que esa expresión porque estoy  apegada a la misma.

Ahora empiezo a tomar consciencia de todo lo que estaba en piloto automático y me da rabia no haberlo visto antes. Me siento mal por haber perdido el tiempo con comportamientos que no me han hecho ningún bien. Dicen que nunca es tarde, pero yo siento que sí, que he desperdiciado gran parte de mi vida por haber sido de una manera concreta. Ahora tengo que ser compasiva conmigo misma, comprender y tolerar que no estaba preparada para ver hasta ahora, y en cambio, felicitarme por lo mucho que he avanzado. No solamente es el eneagrama, son también las charlas con Anet, donde voy reconociendo los patrones que son mis cadenas.

Veo la pelota gigante que tengo delante de mí por desenredar y me agobio. Pero puede que no haya otra forma de hacerlo mas que empezar a tirar del hilo para ver hasta dónde llego, porque esto va a requerir de mucho tiempo.

La clase de eneagrama era sobre la espiritualidad, o mejor dicho, sobre el aspecto concreto del Ser del cual se ha desconectadao cada eneatipo. En el 6 tiene que ver con su falta de fe en el Universo para ser sostenido. Y, claro que sí, tiene que ver mucho con la madre. Si yo confiara quizás podría sentir el abrazo amoroso que cuida de mí y relajarme en él, saber que siempre voy a estar cubierta. Pero no puedo. Mi falta de fe me hace ser como un animalillo en modo reactivo anticipando el peligro. ese peligro me vuelve agresiva e impredecible.

Y, la verdad, es que me muero de ganas de rendirme y dejar de luchar, porque es agotador estar pendiente de todo, anticipar, intentar cubrir los flancos y las carencias...

El otro tema tiene que ver con mi orgullo al resistirme a la voluntad del Universo, intentando imponer mis plaes y mis resultados deseados. Esto es más de 2, pero también lo reconozco. Me cuesta aceptar que mis deseos no sean los mismos que los del Universo y que mi aparente libertad creativa en el mundo sea una falacia. O por lo menos lo es a nivel de ego, porque mi ser superior estaría creando a su bola. Es una desconexión total entre uno y otro, y la verdad que llevo toda las de perder. es tan frustrate...

Pero igual, solamente tengo dos opciones: resistirme y sufrir o aceptar lo que sea que me tiene preparado mi ser, me guste o no, lo espere o no, ya que eso es lo correcto y perfecto para mí. En cierta forma es como estar a expensas de un padre que decide por ti. No debería quejarme, porque ahí está el padre que tanto buscaba. Y si lo pienso bien, la rendición es un alivio, desde que no tengo que ocuparme de nada.

Hago el propósito de rendirme, pero siento a mi ego retorciéndose de rabia, frustración e impotencia, y siento su dolor y su sufrimiento. Mi trabajo ahora es abrazarlo y darle todo el amor que necesita, porque vamos a tener que hacer juntos un duelo importante por todo lo que quisimos y no fue. Es el adiós a una idea querida.

lunes, 3 de febrero de 2020

Conectando con la infancia

Llega Imbolc, la festividad precursora de la primavera, asociada al arquetipo de la Doncella. Es un aspecto con el que me cuesta conectar, porque siempre me he sentido más adulta que niña, porque siempre me han tratado como una adulta. Mirar al niño es mirar las heridas de la infancia y esas duelen, porque son esas heridas las que te hacen esconderte del mundo, las que crean las máscaras y las corazas con las que defenderte. Pero también es descubrir que muchos de tus recuerdos están deformados por un cerebro que intenta protegerte del dolor.

Este año me están llegando muchas referencias a mi infancia, lo cual implica mucho trabajo de investigación por mi parte para ahondar en el mensaje. Llevo dos días intensitos con este tema. A veces parece que la vida se tratase de experimentar ciertas cosas para luego desexperimentarlas (si es que existe tal término). Al final todo se reduce a que no tienes ni puta ida de qué va la vida, ni para qué pasas por ciertas situaciones, y que nada importa demasiado.

El sábado participé en la ceremonia de Imbolc del Templo de la Diosa. Fue una ceremonia sencilla pero bastante efectiva, en la que incluso el cuerpo ceremonial pudimos disfrutar. Se trataba de un ejercicio sistémico de ahondar en el pasado mediante dos elementos que no ayudasen a conectar con el subconsciente. El primero era una foto de cuando éramos pequeños, el segundo un objeto que nos recordase la infancia. Yo tengo una foto impresa de cuando tenía unos 9-10 años y que uso para estas cosas. Es una foto institucional, es decir, la típica foto que te hacen por curso en el colegio. Entonces estaba en 4º de EGB, en clase de Juliana. Llevo el pelo limpio, peinado, y sujeto a los lados con unos pasadores de mi comunión. A mí me parecían preciosos y entonces seguro que estaba en una fase de princesas. Se me ve bastante tranquila y, gracias a la Diosa, no tengo herpes en la cara. Se destacan mucho mis ojos, que entonces eran muy grandes y azules. A esa niña le encantaban dos cosas en concreto: leer e imaginar mundos. Creo que podría haber sido escritora, aunque también podría haber sido cartógrafa, por la pasión que sentía por los atlas.

Entonces recuerdo un suceso: Juliana le dijo que su letra era horrible y que la suspendería si no la cambiaba. Por puro miedo empezó a imitar la de su hermana, aunque cada uno termina imprimiendo su carácter en la letra: la presión, la inclinación, la forma de las letras, la velocidad de escritura…por eso existe la grafología. Y esa nueva letra se hizo una con ella. Esa niña siempre pensó que en ese momento cambió su forma de ser, pues la letra está muy ligada a la personalidad. Inconscientemente lo registró como “no eres correcta”. No era la primera vez que se sentía así, pero fue una de las veces en que el mensaje se reforzó.

Otra de las imágenes del fin de semana es de una niña de unos dos años, sujetando la silla de su hermana. Ella era la mayor y ya tenía que caminar para dejar el hueco a su hermana. Para ella no tenía sentido. La llegada de su hermana le hizo perder espacio, atención y cariño. Lo registró como “mis padres no se ocupan de mí” o peor: “mis padres me han abandonado”.

La herida de abandono y la herida de rechazo han estado allí siempre.
Las exigencias para ser adulta demasiado pronto han estado ahí siempre.
Las exigencias para cumplir con las obligaciones impuestas han estado ahí siempre.
Un poco el lema es: “cumplo para que me quieras más”. Pero nunca parecía suficiente. Nunca parece suficiente.

También he conectado con los sentimientos de mi madre cuando yo estaba en su vientre. Una mujer joven, desarraigada, sin demasiada experiencia en la vida, con el único apoyo de su familia política, que querían someterla y quienes la hacían sentir una forastera. “Tú no perteneces”, “tú no sabes”, “tú no eres tan buena como mi hijo”. Pude sentir sus esfuerzos por agradar, por encajar…en vano. Y yo me comí su frustración y su rabia. Quizás por eso soy ochomesina.

Lo único positivo de esta aventura por la infancia fue sentir a nivel consciente que toda la exigencia de mi padre hacia mí era su forma de demostrarme su amor. Para él su forma era la buena y única de conseguir lo mejor, y él quería lo mejor para su niña. El amor a veces mata. Me siento dolida porque a través de tanta exigencia he perdido mi alma, pero siento gratitud por todo el amor de mi padre hacia mí.

Y bueno, acabamos de empezar con la temporada de recuerdos. Y yo quería conectar con la Doncella.