domingo, 12 de mayo de 2019

Incertidumbre e inevitabilidad

La incertidumbre sigue siendo algo difícil de gestionar. Esa necesidad de saber a toda costa para que la mente se quede tranquila. Esa búsqueda incesante de indicios para poder predecir el futuro. Es una locura. Sin embargo, toca esperar y eso requiere disciplina y paciencia. Hay dos temas fundamentales: 1) calmar la ansiedad y 2) entretener la mente. Ambos están relacionados.

Herramientas tengo, pero no las sé aplicar bien. Respiración profunda, EFT, ho'oponopono, meditación...si no, siempre queda la opción de dormir, ver películas, o enfocar la mente en cualquier actividad que pueda ayudar a desviar la atención del tema fundamental. Aun así, existe esa necesidad de cerrar los cabos sueltos, con lo que la mente va a regresar una y otra vez a él.

No sé muy bien qué actitud tomar. Por un lado, me gustaría ilusionarme, pero temo que todo acabe en fracaso y termine decepcionada. Supuestamente estoy preparada para un escenario de fracaso, pero no es del todo cierto, al igual que tampoco se está preparado para recibir lo que uno desea. En la mente las cosas suelen transcurrir de una manera diferente a como se materializan, y pierden ese brillo que tienen en el mundo de las ideas.

He tomado una decisión frente al futuro. No es que me falten fuerzas para continuar, pero hay que saber cuándo ser perseverante y cuándo rendirse. Tengo argumentos de sobra para rendirme. Así que no continuaré, aunque no es el resultado que querría. Es el resultado de la vida. Eso hará que me plantee mi vida de otra manera y tendré que afrontar el fracaso e integrarlo. La sola posibilidad de  esta opción me entristece enormemente, aunque quizás sea inevitable.

Dicen que cada uno escoge su destino, pero no es del todo cierto. Hay cosas que simplemente no se dan, no para uno. No consuela nada el pensar que ahí también hay una lección de vida que te hace evolucionar. Agradecer lo que es y lo que no es también requiere de disciplina, de aceptación y de apertura. Bueno, ahora mismo estoy un poco lejos de ese estado, y solamente quiero llorar, que también es una forma de gestionar las emociones.


lunes, 6 de mayo de 2019

El pájaro y el pez


El pequeño pez vivía en las profundidades de su pequeño estanque, escondido a los ojos del mundo y al margen del mismo, aunque de vez en cuando emergía a la superficie para sentir el calor de los rayos del sol y permitir que estos arrancaran destellos irisados de su lomo.

Al pequeño pájaro, en cambio, le encantaba volar y mecerse en el aire. Se sentía libre surcando los cielos y admirando la belleza que le ofrecía el mundo.

Un día el ave se fijó en el pequeño pez que chapoteaba en el estanque. Al principio lo observó desde la distancia, saciando su curiosidad, pero poco a poco, decidió acercarse a él. Al principio le costó porque el pez era bastante huidizo, pero tras un ejercicio de constancia y de costumbre, empezó a ganarse la amistad del pez. Con el tiempo, la amistad se convirtió en amor.

A pesar de lo complicada que era la situación para ambos, se esforzaron para permanecer juntos, porque esto era lo que más deseaban en el mundo. El pez, que tanto había recelado de las intenciones del ave, terminó cayendo profundamente enamorado. Amaba tanto a su pájaro, que estaba dispuesto a darle todo. De hecho, le dio tanto, se entregó tanto, que apenas guardó para él.

Sin embargo, con el transcurso de los meses, el pájaro fue perdiendo interés y sus esfuerzos se debilitaron. Dejó de interesarse por el pez, y empezó a ignorarlo. El pez no entendía qué estaba pasando y cómo la situación había podido cambiar tanto. Incluso, empezó a sentirse maltratado ante las formas despectivas e hirientes del pájaro. Trataba de reparar la situación, pero no conseguía nada. Intento tras intento, y nada. Todo giraba por el pájaro y en torno a él, como si el pez no mereciera un poco de cariño, atención, o respeto.

Un día el pájaro desapareció sin más y al pez se le rompió el corazón. Volvió a las profundidades de su estanque, y se dejó morir. El pájaro nunca tuvo noticias de ello, y siguió volando libremente por el aire, completamente ajeno a los designios del pez.

viernes, 3 de mayo de 2019

Espera en soledad

Sopla fuerte el viento en el exterior, y no sé si interpretarlo como un mal augurio, pero espero que no afecte a mi sueño, trayéndome historias extrañas a mi mente que me dejen peor de lo que me voy a la cama. Me acabo de tomar la azitromicina y, como cabía esperar, no me ha sentado bien. En realidad, la medicación no me ha sentado bien esta vez: agobios, taquicardia, agotamiento, exceso de calor, hinchazón...No sé si solamente se debe a la edad o tiene que ver con algún otro factor. Sea como sea, estoy cerrando esta fase. Quizás vengan otras, más duras incluso, pero por aquí no volveré a pasar.

Dormir me ayuda a pasar el tránsito, así como estar entretenida con actividades diversas. Si no fuese por estas actividades, creo que lo pasaría peor, porque no sería capaz de parar mi cabeza y mis pensamientos. Hacer para no sentir. Hacer para no ser. Sin embargo, el cansancio no me ayuda demasiado. Hacía tiempo que no me veía en una forma física tan penosa, algo normal si consideramos que el cuerpo está derivando recursos a ciertas áreas en vez de a mis músculos. Aun así, intento esforzarme y hacerlo bien. Hoy cerraré con fitboxing, y espero no morir en el intento.

Lo peor es la falta de apoyo y acompañamiento. Esperaba más, pero una vez más me veo sola cruzando el tránsito. Debería sentirme fuerte por saberme capaz sin ayuda de nadie, pero me siento triste por la falta de amor, consideración y compañía. Los momentos delicados sirven precisamente para descubrir estas cosas.

Mañana no entraré sola en el quirófano, entraré de la mano de mi miedo, como siempre. Y tengo mucho miedo. El peor momento llegará con la anestesia. Me resisto a rendirme y ceder el control, aunque será ineludible. Para que luego digan que tenemos control sobre el cuerpo. Las veces anteriores me recuerdo diciéndome a mí misma: "ahí vamos", cuando comenzaba a sentir el efecto del narcótico. Después, la nada. Es como fundirte con el vacío. Y total ¿qué somos sino vacío? Es como regresar a la Fuente. No puede suceder nada malo.

Morir. Siempre he dicho que me gustaría morir durmiendo. El riesgo es bajo, pero existe. No tengo nada arreglado, si me llega a suceder algo. Ni testamento, ni testamento vital. Por si acaso, me gustaría que me incineraran. Antes soñaba con fundirme en el mar, ahora creo que da un poco igual, porque formaré parte de la tierra de todas formas. Es otra forma de retorno. Lo sentiría sobre todo por mis gatas, que se quedarían desamparadas. Tengo también proyectos sin acabar (¿debería empezar la máscara?). Supongo que nada de esto importa.

Blackmooning. Las horas previas a la luna nueva, la cual siempre representa un comienzo. Quizá también para mí. Ya veremos. No sé qué quiero que suceda realmente.

Tengo miedo y estoy sola. Es un poco descorazonador. Esta noche va a ser dura. A ver si al menos puedo dormir un poco.

LLUVIA EN SOLEDAD
(Celtas Cortos)

Si, ay si temblor
la lluvia cae en soledad
si, ay si temblor
no llamas y no vendrás
Ahora recuerdo tus manos
tu ausencia da soledad
en mi calle ya no hay críos
y mi jardín seco esta
Ahora recuerdo tu cara
tu fantasma quiere hablar
y junto a mi está en la cama
pero calor no me da
Juntos hicimos la casa
a imagen de nuestro amor
fuiste y quedó tu fantasma
y la casa se cayó
Ahora recuerdo tu risa
que lagrimas nos costó
y ahora ya NO SOMOS NADA
ni tu…

miércoles, 1 de mayo de 2019

La Amante



Cierran las elecciones nacionales con una sorprendente movilización del voto de la izquierda para hacer ganador al PSOE. Lo veo como algo muy positivo, teniendo en cuenta los escenarios oscuros que se vislumbraban en el futuro. Aunque también hay que reconocer que esa movilización se hace desde el miedo, el cuál es la respuesta a un discurso de odio por parte de un partido concreto. En realidad, dicho partido no es más que una expresión de lo que hay en una parte de la sociedad: miedo, odio, y ego.

Quiero creer que la parte positiva es que ganamos en libertades, especialmente la libertad de ser uno mismo. Y es muy significativo que esto haya sucedido justo cuando estamos entrando en la época de la Diosa Amante, que ahonda en la soberanía de uno mismo.

La Diosa Amante es, sin duda, el arquetipo más machacado de lo Divino Femenino. Mientras que a la Doncella y a la Madre las toleraron (a su pesar), a la Anciana la denostaron bajo el epíteto de "bruja", pero con la Amante se cebaron hasta casi hacerla desaparecer. No se podía consentir que la mujer fuera soberana de sí misma, que ejerciera su voluntad, que expresara su opinión y su sexualidad. La mujer no podía ser par del hombre, tenía que estar por debajo o anulada, rompiendo el equilibrio. Por eso molestan tanto mitos como el de Lilith, la primera esposa de Adán, que se negó a someterse. Si no podías ser madre y esposa perfecta y sumisa, sólo te quedaban dos modelos a desarrollar: la monja o la prostituta (no precisamente la prostituta sagrada).

Pero llega Beltane, y con ella las energías de la Diosa Amante. Amar es entregarse incondicionalmente, sin ser sumiso, desde la libertad, sin esperar nada a cambio. Amar es expresarse plenamente, disponiendo libremente del cuerpo y de los afectos. Afectos que no solamente hacen referencia a un hombre, sino también a cualquier cosa que ella pueda amar: un lugar, un animal, una afición, un ideal.

La amante busca empoderarse y sentirse poderosa, sentirse soberana de su territorio, sentir placer, gozo y disfrute sin miedo, culpa o vergüenza, conectar e intimar con el otro. La mujer que se da a sí misma no ve nada malo en tocarse, en darse placer, es un principio de exploración, de reconocimiento de lo más oculto y prohibido de una mujer: su sexo.

Pero la amante también tiene su sombra, que se expresa bien como la amante no correspondida o como la prostituta. La primera evitará la intimidad para no sentirse vulnerable y herida, y se mostrará emocionalmente no disponible, sin arriesgar su corazón, para que no le hagan daño. Pero también existe aquella amante que vive desde la libertad y no quiere arriesgarla, por lo que huirá del amor para no perderla, incapaz de comprometerse.

La segunda vivirá para complacer a los demás dejándose de lado, incluso actuando contra sí misma, cediendo sin defender lo que es de ella, sin reclamar lo que es de ella. Se venderá o se sacrificar por miedo a la soledad o por creer que ella carece de poder por sí misma.

La amante auténtica es una reina. Es poderosa, es fuerte, es libre. Es una mujer que ama la vida, el presente y el ahora. Es una mujer que ama a su amado y se ama a sí misma, y se entrega plenamente.

La amante es la integradora. La amante se une al otro para ser uno. Pero también reconcilia en sí misma todos sus aspectos, oscuros y luminosos, para aceptarse plenamente.

Para terminar, voy a copiar un párrafo que me ha gustado mucho sobre la amante, sacado de aquí:

"La amante es la vida misma, es plenitud; es el encuentro de un hombre y una mujer que, como la lluvia que cae sobre el mar, vuelve a renacer con él, creándose y recreándose mutuamente; la amante es armonía. 
Sin ella no se es plenamente hombre ni artista ni aventurero. 
Es fuerte y sabia; protectora y astuta como una espía; la más bella de todas las mujeres; conoce todos los secretos del amor, aquellos que estimulan el cuerpo y el alma, los guarda pero los revela sin palabras; conoce los deseos más ignotos, esos que sólo se atreven a imaginar quienes están en el lecho de muerte. 
Inteligente, pudorosa y desvergonzada; paciente y solitaria; desenfrenada y atenta. 
La amante es un espejo que permite desvelar las máscaras hasta encontrar el verdadero rostro. Muy pocos sobreviven a su amor pleno, porque todo cuanto existe crepitará, arderá entre su fuego. Es a la vez la madre y la hija, purifica y se purifica entre los brazos de su amante; todo se funde y desvanece ante su amor, sólo queda una mujer que es capaz de clamar y retener, de ofrecer y ayudar."

viernes, 26 de abril de 2019

Síndrome de aniversario

Desde hoy hasta el 19 de junio voy a recordar un episodio fundamental en mi vida relacionado con mi hijo Héctor (a.k.a BH).

Tal día como hoy, hace un año (y más o menos a estas horas), me hacían la transferencia de dos embriones. En sí una transferencia no es nada complicada. Es lo mismo que ir a hacerte una ecografía. La mayor incomodidad es tener que tomar mucha agua para que se destaque bien la vejiga frente al útero, dado que ambos están en línea. Una vez identificado el útero, te introducen una cánula en el mismo, donde liberan un líquido portador que contiene los embriones. Y ahí se quedan, esperando que lleguen a agarrar en las paredes del útero. Aquella vez hubo suerte y uno se aferró. Héctor.

Ese día no sucedió nada memorable más allá de la propia transferencia. Pero estaba a las puertas de un viaje a Hamburgo, aprovechando el puente de mayo, y la maratón de la ciudad. Héctor se implantó allí. La implantación sí fue notable. Tuve dolores de abdomen bastante intensos, parecidos a una regla o a tener gases. Fue bastante incómodo, sobre todo porque ese día quería patear la ciudad para enseñársela a mi prima Marisa, y me costaba, pero solamente duraron un día. Recuerdo que desayunamos en el Fischmarkt y luego nos apuntamos a una visita en barco por el puerto. Hacía buen día. El peor momento fue durante la comida. Me encontraba fatal a pesar del paracetamol y todos notaron que no estaba bien. Luego me recuperé y fuimos a Planten un Blomen a echar la tarde.

Al día siguiente estaba como una rosa. No volví a tener síntomas de ningún tipo. Lo poco que duró fue un embarazo estupendo. Yo me sentía muy fuerte, capaz de cualquier cosa. De hecho, no dejé de hacer deporte en todo el tiempo y mantuve un ritmo de trabajo normal. Quizás esto fuera un error, ¿quién sabe? Nunca sabré por qué sucedió, pero siempre me pregunto si hice algo mal.

Tuve dos días especialmente bonitos en mi embarazo. El primero fue cuando me notificaron que estaba embarazada. Me llamaron de la clínica para darme la noticia. Yo estaba en la oficina y me fui a una sala para recibirla. Me eché a llorar de la emoción que me produjo. Mucha alegría.

El segundo día fue cuando fui a hacerme la revisión a la clínica y escuché su corazón por primera vez (y la última). Un corazón fuerte y rítmico. Todavía lo recuerdo y hasta puedo escuchar su sonido en mi mente. Conservo las gráficas de la ecografía; si fuese más habilidosa con la técnica, podría pasarlas por un software de sonido para reproducirlas. Jamás supe el sexo del bebé porque era demasiado pronto. Lo llamo Héctor porque yo lo sentía niño. El nombre se lo di mucho más tarde, ya en terapia, para completar mi homenaje y darle un lugar en mi árbol (al menos esto parece que lo hice bien). Para mí sobre todo, él será BH.

Así hasta el 19 de junio, el día del aborto. El relato de este día me lo dejo para otro post.

Ahora llegan esos días y me resulta inevitable no pensar en él. Encima para Beltane, que se supone que es una fiesta  del placer y el gozo, y que bailaremos un mayo. Pues estoy como para muchas celebraciones. Mañana tengo Espiral y sé que voy a llorar un montón.

miércoles, 24 de abril de 2019

El último intento

Es el último intento. Tanto si sale bien, como si sale mal, no volveré a pasar por ello. Así lo he decidido. Y, en realidad, creo que es lo más sensato. Hay que saber cuándo rendirse, algo que no se me da particularmente bien, pero ya está, hemos llegado a ese punto. No se puede decir que no lo haya intentado, pero no puedo asegurar el resultado. Una vez más, por eso de quedarme tranquila en mi conciencia, y nunca más.

Ahora siento miedo. Miedo a tener éxito y miedo a fracasar. Tengo miedo a perder. Tengo miedo a todo. Este miedo es un viejo conocido, pero no lo esperaba. Creía que lo tenía superado, pero veo que no. Vuelve a mí y vuelve fuerte. Sin embargo, no es como antaño.

Siento un miedo fuerte, pero por más miedo que sienta, no puedo hacer que las cosas sucedan, y no puedo parar lo que es inevitable. Solo puedo dejar que las situaciones fluyan como ellas consideren. Sólo puedo hacer mi parte y, después, quitarme de enmedio.

Siento miedo, pero después de todo lo que pasé el año pasado, ya no siento las cosas igual que antes. Perdí mucho, sufrí mucho, lloré mucho, y como consecuencia, una parte de mí murió. No me quedé insensible (por más que llegué a estar muerta en vida), pero ya no me afectan las cosas como antes. He aprendido importantes lecciones de desapego, estoy preparada para perder. Y en mi cabeza me estoy preparando para muchos escenarios, aunque no seré capaz de anticiparlos todos. Al final, la vida te sorprende por el flanco que menos te esperas. Y quizás sea lo mejor.

domingo, 21 de abril de 2019

La determinación

Le dije que la amaba, pero ella no me creyó. Por qué iba a hacerlo después de tantas decepciones, abandonos, desprecios y promesas incumplidas? Las palabras no significaban nada para ella, por mucho que mi pecho bulliese de emoción al pronunciarlas, porque ella, herida como se sentía, había levantado muros alrededor de su corazón para protegerlo, y simplemente mis palabras no lo traspasaban. Pero yo quería llegar a su corazón y entendía que no sería con palabras, sino con acciones; no grandes actos pomposos y puntuales, sino pequeñas obras cotidianas y frecuentes que pudieran horadar ese muro, igual que gota a gota el agua perfora la piedra. Acciones no revestidas de pretensión, sino de interés real.

Yo solamente quería estar a su lado, cuidarla, protegerla y amarla, si ella me dejaba hacerlo, pero me tenía que ganar ese derecho. Tendría que esforzarme por demostrarle que está vez iba en serio, que esto no era otro de mis caprichos temporales y egoístas, que estaba comprometido, que estaba dispuesto a darme en vez de tomar sin contraprestación. Tendría que demostrarle que realmente me gustaba ella tal cual era, que me interesaba su mundo. Solamente así ella me abriría las puertas.

Sin embargo no iba a ser fácil. Tendría que ser paciente, pues en un segundo no conseguiría revertir el efecto de años. Tendría que ser perseverante porque la campaña sería larga. Pero lo más difícil sería hacer que ella percibirse todo esto de la manera en que yo quería transmitirlo, de la forma en que yo querría que ella lo sintiese.

Soy consciente, sin embargo, de que seguramente jamás lograría que ella pudiese confiar en mí al cien por cien, pero quería llegar lo más cerca que me permitiese. Porque ella lo valía, lo valía todo.