miércoles, 12 de agosto de 2020

La caza

He vuelto al cine después de todos estos meses de confinamiento y desescalada. Nada que no hubiese podido hacer en mi casa con el Prime, pero me he obligado a salir y a hacer una actividad fuera, aunque sea para seguir evadiéndome. Tenía dos opciones: "Madre Oscura" y "La Caza". Cuervo dijo que había visto la primera y que le pareció una basura, así que la opción estaba clara.

La película trata de un grupo de ricos americanos que secuestran a varias personas para llevarlas a un escenario ajeno y alejado para darles caza, como si de animales se tratara. Los han seleccionado porque cada uno tiene una particularidad que los convierte en candidatos perfectos, como si los cazadores estuvieran contribuyendo a la sociedad al eliminar a estos individuos: son racistas, cazadores, gente que niega el cambio climático...pero también gente que pone en entre dicho al grupo de cazadores. 

Porque todo esto comienza con una aparente broma en un chat de whatsapp de unos amigos (los cazadores). El chat sale a la luz y se tergiversa, afectando a la reputación de las empresas donde estos participan. Cuando las consecuencias les afectan, deciden convertir el chat en una realidad.

El problema es que se equivocan al elegir a una de las presas, al confundir a dos mujeres que tienen el mismo nombre y que proceden del mismo lugar. Así introducen en el grupo de presas a una antigua militar, que es la que va a echar por tierra toda la experiencia, y dando la vuelta a la situación. Ella solita, eso sí.

A mi modo de ver, esta mujer es un enatipo 6 ala 5 (incluso un 5 ala 6). Es individualista, socializa lo justo, defiende a los débiles y no se fía de nada. Arrastra consigo un trauma que la hace comportarse de forma extraña, quizás debido a la guerra, pero no se aclara, con lo que su comportamiento es un poco extraño, también radical por momentos. Termina enfrentada a la mejor del grupo de cazadores, que para mí es un eneatipo 1, una persona que cree tener razón siempre, que cree tener una justificación por un bien mayor, y que es enormemente rígida y "perfectita". 

Lo sorprendente es que ella es Hilary Swank, que no se sabe muy bien qué hace en esta película, aunque el papel lo borda. Y es que el reparto no me resulta nada conocido, salvo ella y Justin Hartley, que hacía de Flecha Verde en Smallville. Aparece también Emma Roberts, la hija de Eric y sobrina de Julia, que se supone que es conocida por "American Horror Story", pero como no la he visto, pues para mí una extraña.

Sin ser un peliculón, porque, la verdad, tiene algo que me hace etiquetarla como "rara", resulta entretenida. Parece que intenta hacer cierta crítica política, pero no sé si llega a conseguirlo. Tiene momentos salvajes, incluso gores, como cuando Hilary le clava un tacón en el ojo a un hombre (a lo "Mujer blanca soltera busca") y le arranca de cuajo todo el nervio óptico, y luego se cortan en otras, como en la muerte del cerdito Oliver (un detalle). Tiene bastante acción y la lucha final es bastante entretenida, no exenta de cierto humor.


martes, 11 de agosto de 2020

Silencio y soledad

 

Ahora todo está en silencio, oscuro y calmo, como si nada existiera, como si nada hubiese sucedido.

A veces me pregunto siquiera si yo misma existo o solamente soy el eco de una historia errónea y fracasada.

Los días se suceden como una repetición, pero no me importa el mundo exterior.

Me he retirado del mundo, como si del confinamiento se tratara, porque no hay nada fuera que me interese.

Es la soledad del alma en lo profundo de la tristeza, como si del mar se tratara.

El mar alimentado con mis lágrimas y mi vacío existencial.

El mar que me envuelve suspendida en la nada más negra y abisal.

Aquí abajo no llegan la luz ni las palabras. No hay estrellas ni cantos de pájaro.

Aquí abajo estoy a salvo, porque no hay nada que desear, nada por lo que luchar, nada por lo que esforzarse.

Aquí abajo muero en silencio, olvidada, desnuda.

lunes, 10 de agosto de 2020

Siempre estás seguro

Estás a salvo, pequeño.

Seguro, incluso cuando te sientes inseguro.


Seguro para llorar, seguro para reír.

Seguro para ser todo lo que puedes ser.


Seguro para descomponer, también.

Seguro para cometer errores.

Es seguro olvidar todo lo que sabes.


Seguro para convertirte en nada

y comenzar de nuevo.


Estás retenido, siempre, ya ves.

Sostenido en los brazos de la vida, 

mis brazos, los brazos del amor.


No te abandonaré,

incluso cuando te sientas abandonado

por el mundo o por tus amigos más cercanos.


No te abandonaré, incluso cuando te sientas abandonado.


Tu cuerpo es el lugar más seguro, ya ves.

Tus manos, tus pies, el dolor en tu corazón.

La opresión en el pecho, la presión en la cabeza.

El anhelo de la luz. El terror de la existencia.


Las sensaciones son seguras, a pesar de lo que te dice el trauma.


No encontrarás seguridad en otras dimensiones o realidades.

No encontrarás seguridad en estados alterados o reinos lejanos.

No lo encontrarás en la mente.

Los "Seres de luz" no te protegerán.

Encontrarás seguridad cuando te rindas a la noche.

Cuando te rompas y te dejes romper.

Cuando arrojes conciencia amorosa a través de tus pies, tus manos, tus rodillas, la forma en que tu cuerpo se siente parado donde está parado o acostado donde yace.

Agotado, o lleno de esperanza, estás a salvo.

Roto por el dolor, o lleno de alegría, estás a salvo.


Estás a salvo porque existes.

Estás a salvo porque la seguridad es tu propio corazón 

y no otro.


Estás a salvo porque nada de lo que temes es real.


Y yo estoy aquí contigo.

Y te estoy respirando.


Siempre.


- Jeff Foster

domingo, 9 de agosto de 2020

Schwanengesang


Se dice que el cisne canta una bella canción en la hora de su muerte después de toda una vida de silencio. Es un quejido suave y melancólico por la vida que abandona, como si lamentarse su marcha, mientras se funde con el viento para entregar su alma. Abre sus alas por última vez, bello, armonioso, majestuoso, y se abandona a la muerte en una rendición total, que es la aceptación del ciclo natural de la vida. No hay vida sin muerte, ni muerte sin vida. Su cuerpo alimentará a otras especies mientras su alma inicia el vuelo hacia otra realidad ignora. Pero su canto permanece impregnado en el aire, en la tierra, y en los corazones de quienes lo escucharon, como un presente a la realidad más material. Una despedida. Y no es más la belleza de las notas y su melodía, como el gesto en sí: el agradecimiento a la vida por un camino lleno de recodos y matices, a la que entrega en el acto final algo tan personal, íntimo y propio como su propio canto, su propia esencia. En su canto el cisne recuerda que la vida también es la visión amorosa de un mundo que muere y del que se despide, y a la que contribuye de la única manera que sabe y puede. Es en la muerte cuando se despoja del ego y se muestra toda la gloria que es, recordando que es un hijo de la tierra y el cielo, y está llamado a una inmortalidad eterna. Hermoso cisne, adiós. 


sábado, 8 de agosto de 2020

Culpable

Soy culpable.

De haber abierto mi corazón y haberle dado paso. 

De haberle colocado en el centro de todo. De haberle colocado en un pedestal.

De entregarle todo por completo, sin reservas, sin medida. De entregarme de igual manera. 

De comer migajas cuando merecía el pastel completo. 

De mi indigencia emocional. De aceptar la suya. 

De mi baja autoestima.

De dejarme llevar por mis patrones. De sentir compasión por los suyos. 

De mi arrogancia al creer que era posible.

De querer creer que yo era especial, amada, importante y valiosa.

De confiar. De querer confiar. De permitirme confiar. 

De creer todas esas mentiras. De querer creer que eran verdad.

De no cuestionar, de no cuestionarme. 

De no atender a la incoherencia entre palabras y actos. 

De mi ceguera a las señales de egoísmo egocéntrico, insensibilidad y narcisismo. 

De creer que el calor puede derretir el hielo.

De haber puesto flores en la cabeza del monstruo. 

De no cuidarme. De no protegerme. De permitir que me hiciera daño.

De no haber sido más fría y calculadora. De haber dejado que mi corazón le entregara las riendas. 

De la unilateralidad. De cargar con el peso de todo. De haberme esforzado tanto por intentar que las cosas funcionaran.

De retorcerme y quebrarme para adaptarme, para complacer.

De creer que podría soportarlo todo. De resistir de más. De llevarme al límite de lo soportable, aceptable y admisible. 

De creer que el amor lo puede todo. De creer que el amor basta.

viernes, 7 de agosto de 2020

Ojos azules

Tus ojos azules, inmensos como el océano.

Allí solía perderme para olvidarme de la realidad. 

Allí navegaba en busca de los tesoros que el mundo me negaba. 

Aguas mansas y claras que me entregaban horizontes extensos donde sentirme libre. 

Me hacían soñar con una vida que mi espíritu anhelaba.

Me proporcionaban ideas nuevas, refulgentes y mágicas, como estrellas en el firmamento, que ampliaban mi mente y enriquecían mi visión.

Me susurraban música y poesía, como una apacible nana de sirena en la que poder dormirme y olvidarme de un mundo exigente y áspero. 

Me ofrecían un amor tan dulce y hermoso que ensanchaba mi pecho y hacía palpitar mi corazón... 

... Y, al mismo tiempo, podía perderme entre sus olas salvajes de pasión, elevándome hacia el cielo. 

Me regalaban un reconocimiento sincero que me hacía sentir grande y fuerte. 

Sentía su refugio amoroso y protector, como un abrazo cálido que me envolvía. 

Miraba en ellos y veía reflejada mi alma infantil, llena de inocencia, bondad y alegría.

Yo era en tus ojos, porque me saciaba en ellos, porque calmaban mi alma, porque encendían mi espíritu, porque me hacían ser yo. 

Tus ojos, fragancia marina, profundidad amorosa, sanación emocional. 

Tus ojos, alegría y pasión infinitos. 

Dónde perdí el rumbo que no los encuentro? 

Mi paraíso perdido, mi remanso de paz, tus hermosos ojos azules. 



miércoles, 5 de agosto de 2020

Gargantúa




Al final sucedió lo que esperaba: la hostia con la realidad. Quizás haya sido una especie de profecía autocumplida, pero, de verdad, que me he esforzado por mantener la vibración alta. Ayer mismo, me llamaban los de Grefa para liberar al mochuelo que tenía apadrinado, y este tipo de actividades siempre son un chute de energía positiva. A mi niña interior le encantan los animales y siente amor y ternura cuando está cerca de ellos. Incluso los abrazaría, si pudiera, porque despiertan una parte bonita, pura y feliz en ella. Así que nada presagiaba lo siguiente. Las caídas suceden cuando menos te lo esperas y se disparan por las circunstancias más inverosímiles. 

Y pasó. De repente un click en la mente te planta ante un panorama que activa un ataque de pánico y un bucle obsesivo. Anet tiene una frase para el tema de las obsesiones, pero no recuerdo cómo lo expresa ella. Sé que tiene que ver con la culpa y el castigo, que son uno de mis temas. Culparme por todo, castigarme por todo. Y ahora me culpo por estar donde estoy, porque no veo futuro delante de mí.  Todo lo que he querido y he deseado no se ha dado, ni se va a dar, y me siento como si la vida se hubiese acabado para mí. Me siento muy perdida, muy confusa, muy desanimada. Y Gargantúa se agranda. 

Yo lo llamo como un agujero negro porque es como sentir un vacío enorme en el centro del pecho, oscuro y gravitacional, que amenaza con devorarlo todo. Es como el centro de una galaxia, atrayendo todo hacia sí para engullirlo. Creo que ese agujero lleva allí mucho tiempo, solo que cambia de tamaño según las circunstancias y el control que, poco o mucho, pueda ejercer. Ahora es grande y se siente como un dolor casi físico, continuado, profundo. Da tanto miedo, que he intentado por todos los lados evitar mirar en él, intentando escapar de su acción. Aunque esto es en vano: Gargantúa es más poderoso que yo, porque es la boca del subconsciente.

Esta mañana no me he levantado para caminar, como suelo hacer cada día desde que nos permitieron salir a pasear en el confinamiento. Si por mí fuera, me quedaría en la cama todo el día durmiendo. O llorando. Pero precisamente hoy tengo telcos y una parte de mí sigue empeñada en dar una imagen hacia el exterior que camufla todo lo que pasa por dentro. Es una imagen que encaja en el ámbito laboral, quizás no tanto en el personal: el mundo laboral no busca personas, busca robots. Es una imagen de frialdad, de impasibilidad, de competencia que tengo muy asimilada, pero cada vez cuesta más mantener; exige mucho esfuerzo y energía, sobre todo cuando en el interior las emociones son tan fuertes que claman por salir por cada uno de mis poros.

Y luego está el crítico interno, el super yo de los cojones, el que me insta a hacer aquello que se supone que es una obligación. Porque para él todo es obligación. Incluso salir a caminar cuando tienes el ánimo por los suelos. Es increíble lo introyectado que lo tengo. Hoy, al menos, lo he visto y lo he desobedecido, al menos en lo que se refiere al paseo. Pero trabajar estoy trabajando, aunque no creo que sea capaz de hacer nada en todo el día, simplemente porque no puedo, porque el dolor y el vacío no me permiten concentrarme, porque no tengo motivación para hacer nada.

No me gusta sentirme como una víctima, pero hoy no puedo evitarlo. Me siento tan indefensa, tan carente de poder, tan hundida. Y no quiero sentirme así, pero no consigo remontar mi estado de ánimo. A lo mejor se trata de eso, de no hacer nada, pero no me gusta la sensación y no quiero estar ahí. Y tampoco me gusta la situación en la que estoy, pero estoy harta de intentar parchear como un pollo sin cabeza, de intentar arreglar, de esforzarme por cambiar las cosas...Total, si nunca me salen bien...

Quizás sea mejor que Gargantúa me devore, porque no me quedan más alternativas que la rendición.